Asistencia electoral efectiva
Autores: Domenico Tuccinardi,
Paul Guerin, Fabio Bargiacchi, Linda Maguire
Traducido por: Rafael Riva Palacio
Hace
siete años, cuando se reconoció por primera vez que las elecciones eran más un “proceso” que un “evento”, no hubo
una adecuación inmediata a este
cambio por parte de las organizaciones dedicadas a prestar asistencia electoral
y las agencias de cooperación para el desarrollo. La evolución de brindar apoyo para los eventos electorales a atender necesidades de asistencia específica para los procesos electorales y respecto de aspectos particulares, fue larga en materia de asistencia electoral debido a un
número de factores asociados. El “cambio de paradigma” en la forma de
acercamiento se ha arraigado. Sin embargo, hay trabajo por hacer antes de que
esta evolución se complete.
Este
documento suigere que el trabajo que requiere hacerse es esencialmente para desarrollar
capacidades, tanto en el
organismo que brinda el apoyo como en su contraparte en cada país. Las iniciativas instrumentadas
en los últimos tres años por parte de la Comisión Europea,
del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y de IDEA
Internacional en el campo de asistencia electoral, así como la recientemente
establecida “Fuerza de Tarea Conjunta para la Asistenta Electoral
Efectiva” de la
Comisión Europea y el PNUD son analizados en este contexto. Esto representa una primera
valoración respecto de la manera en que la asistencia electoral es prestada en
campo y el efecto que estas nuevas ideas tienen para la determinación de las
prioridades de otras agencias de cooperación para el desarrollo sobre este tema.
Servicios de conocimiento y herramientas rentables de
capacitación institucional, tales como la Red de Conocimientos Electorales ACE y BRIDGE,
están jugando un papel cada vez más decisivo en la impartición de asistencia
electoral más efectiva.
Este ensayo está estructurado de la siguiente manera:
Introducción
Actualmente, asistencia electoral puede ser definida como
el apoyo legal, técnico y logístico proporcionado a las leyes, procesos e
instituciones electorales. Esto abarca un espectro extenso —desde el
establecimiento de un marco legal para la administración de elecciones, hasta
sistemas electorales y procesos de registro de votantes inclusivos, apoyo a las
instituciones responsables de administrar y ejecutar los procesos electorales,
pasando por la entrega de recursos financieros, materiales y equipamiento, y
asesoría de expertos, así como apoyo técnico y financiero a los grupos de la
sociedad civil comprometidos en tareas de educación cívica y educación al
votante, observación electoral y monitoreo de medios de comunicación;
incluyendo asistencia técnica a los partidos políticos.
Proveer este tipo de asistencia
implica encargarse de una serie de complejas y delicadas tareas de interacción
entre los organismos electorales, las organizaciones que brindan la asistencia,
agencias bilaterales y multilaterales dedicadas a la cooperación para el
desarrollo, gobiernos nacionales, organizaciones de la sociedad civil, partidos
políticos y empresas proveedoras de productos y servicios relacionados con las
elecciones. Para apreciar la sensibilidad de esta serie de relaciones, se
requieren desarrollar habilidades específicas que van más allá de la asistencia
técnica como tal.
En este contexto, por “Asistencia
Técnica Efectiva” nos referimos a todas las iniciativas y actividades dirigidas
a mejorar la calidad e impacto de la asistencia electoral brindada a las
instituciones electorales de los países socios. En este sentido, la asistencia
electoral es parte del desarrollo democrático de los países socios, de acuerdo
con los cinco principios básicos de “pertenencia, alineación,
armonización, gestión orientada a resultados y responsabilidad mutua” que
se establecen en la Declaración de París sobre la Eficacia de la Ayuda para el
Desarrollo (págs. 11 y 12).
Tal y como se definió anteriormente,
la asistencia electoral sigue siendo un ejercicio que apenas empieza a
desarrollarse, a pesar de que las actividades relativas al apoyo en aspectos
electorales han formado parte de las agendas de política exterior de
muchas democracias establecidas desde finales de la Segunda Guerra Mundial. Es
hasta hace poco tiempo que la asistencia electoral ha sido reconocida como una
parte integrante de la asistencia para el desarrollo de la democracia
(“Organismos electorales como instituciones de gobernabilidad” [“Electoral
management bodies as institutions of governance”], Lopez Pintor 1999 y
“Asistencia
Electoral Internacional: Una revisión de las actividades de los
donantes y de las lecciones aprendidas”, Reilly 2003), aunque la literatura e
investigación académica sobre asistencia electoral, aún es reducida. Esto se
refleja en la limitada disponibilidad de documentos comparativos sobre
asistencia electoral en términos de antecedentes históricos, contenidos,
metodología y ángulos de acercamiento.
Fue hasta después de la Guerra Fría
que se dio un amplio reconocimiento a la importancia de apoyar el
establecimiento de instituciones gubernamentales funcionales y transparentes,
como un aspecto prioritario en la creación de democracias más estables,
pacíficas y económicamente sustentables. Lo anterior se presentó durante la
formación de nuevos países que se establecían tras la caída de regímenes
autoritarios, así como en aquellos que dejaron atrás un régimen militar; en
ellos, el apoyo a las instituciones y procesos relacionados con las elecciones
fue una parte importante de su desarrollo. A partir de entonces, ha existido
entusiasmo por parte de los Estados para proveer ayuda financiera para aspectos
electorales en muchos países de forma bilateral, aunque más frecuentemente
multilateral, haciendo importantes progresos en este tipo de actividades
democráticas.
Sin embargo, tras el entusiasmo
inicial causado por la llamada “tercera ola” de democratización, que inició a
mediados de la década de los setenta, pero avanzó más rápidamente en los
noventa, los problemas empezaron a surgir. Al estudiar las transiciones en
Europa del Este, Latinoamérica y África Subsahariana surgió en muchos casos una
destacada división entre el aparentemente exitoso suministro de asistencia
electoral y la falta de progreso por parte de los Estados asistidos en los
procesos de democratización. En muchos casos la transición de democracias
electorales a democracias parlamentarias nunca fue totalmente completada. Este
ensayo destaca cómo la falta de progreso en esta área puede ser atribuida a la
falla de las instancias dedicadas a la cooperación para entender de manera
total la
relación integral entre asistencia electoral (a diferencia de
asistencia en elecciones) y objetivos para el desarrollo democrático. De
hecho, se creía que el enfoque respecto de la asistencia democrática podría
trasladarse rápidamente hacia otras áreas del desarrollo democrático, tales
como el estado de derecho o el apoyo a programas parlamentarios tras la primera
ola de elecciones democráticas.
Los avances de la asistencia
electoral hacia el final milenio fueron resultado del reconocimiento por parte
de las muchas agencias dedicadas a la cooperación para el desarrollo alrededor
del mundo de conceptos como “efectividad”, “sostenible” y “desarrollo de
capacidades”[1],
si bien, frecuentemente, los funcionarios involucrados lucharon para
identificar métodos efectivos que pudieran convertir los conceptos antes
mencionados en políticas de instrumentación efectivas. Diversos funcionarios de
las agencias dedicadas a la cooperación para el desarrollo coinciden en que la
asistencia electoral genera cierta frustración dadas las presiones creadas
durante los cortos periodos de tiempo previos al día de la elección en
combinación con fuertes desembolsos, seguidos de la súbita pérdida de
interés por el desarrollo institucional en el periodo post-electoral de
los países recientemente asistidos.
Los programas de desarrollo
institucional a largo plazo en materia electoral en un principio
simplemente no fueron considerados, pues el enfoque se centraba únicamente en
el día de la elección, tal y como si fuera un evento. Típicamente, no había
disponibilidad de apoyo internacional para actividades prolongadas en la
materia y se estimaba que la asistencia de largo plazo era difícil de medir y
más fácil de influir por parte de factores externos o eventos imprevistos. En
contraste, la asistencia ad hoc de corto plazo resultaba sumamente
atractiva, pues los resultados (aunque mucho más modestos) eran fácilmente
perceptibles y cuantificables, muy vistosa políticamente hablando y fácilmente
justificable ante interesados nacionales e internacionales.
Desde hace tres años, algunos
actores clave en materia de asistencia para el desarrollo como la Comisión
Europea (CE), el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) e
IDEA Internacional han emprendido acciones concretas dirigidas a contar con un
acercamiento más incluyente para la instrumentación práctica de asistencia en
proyectos relativos a temas electorales. El objetivo inmediato de estas
iniciativas es la intención de la CE y el PNUD de racionalizar sus
participaciones en proyectos de asistencia electoral y armonizarlos con
un enfoque dirigido a promover el desarrollo de la democracia. Los objetivos a
largo plazo que forman parte de estas iniciativas, a los que IDEA Internacional
se compromete particularmente, es provocar cambios definitivos en la forma en
que se concibe, diseña, identifica e instrumenta la asistencia electoral por
parte de las agencias de cooperación para el desarrollo y otros grupos que
brindan esta clase de apoyos. Dichos esfuerzos van acompañados del surgimiento
de una distinción metodológica y lingüística entre asistencia para las
elecciones y asistencia electoral. Esta diferenciación implica que
la primera es el proveer apoyo para el día en que se celebran las elecciones,
mientras que la última implica un enfoque integral e incluyente de asistencia a
largo plazo a los sistemas, procesos e instituciones electorales. En este
contexto, el desarrollo más notable ha sido el diseño de una nueva herramienta
de planeación y capacitación por parte de especialistas de la CE e IDEA
Internacional, que se ha denominado “el ciclo electoral”.
Este documento describirá algunas de
las nuevas actividades e iniciativas asumidas por las instituciones arriba
mencionadas, en un intento por hacer efectiva la asistencia electoral, así como
los esfuerzos por conceptualizar los lazos de unión entre la asistencia
electoral, el desarrollo democrático y la necesidad de desarrollar estructuras
políticas y de cultura democrática más incluyentes. Esta descripción seguirá al
breve repaso general de casi dos décadas de asistencia electoral y al análisis
sobre los retos y restricciones que surgieron en la materia hacia los últimos
años de la década de los noventa. El objetivo principal es demostrar con
ejemplos concretos que el desarrollo de la capacidad de una administración electoral de ser fuerte y
transparente es una forma fundamental e invaluable de invertir en el desarrollo
democrático a largo plazo en los países que reciben la asistencia y que las
contribuciones hechas a las elecciones como tales, si bien
son necesarias y políticamente atractivas, producirán resultados positivos
únicamente si se incluyen en un marco más amplio y más complejo de iniciativas
de asistencia democrática.
En este esfuerzo por promover el
concepto de una asistencia electoral impulsada por la solicitud de la misma y
que esté dirigida hacia la consolidación a largo plazo de procesos e
instituciones democráticos, se ha considerado el papel de la innovación
tecnológica como una herramienta poderosa aunque insuficiente para incrementar
la transparencia y la rendición de cuentas, así como la importancia crucial que
las herramientas de bajo costo pueden tener para el fortalecimiento institucional y el desarrollo profesional en los programas de asistencia electoral efectiva.
Siguiente: Breve historia de la asistencia electoral. Tres actores principales
[1]
Consulte las Notas prácticas del PNUD sobre Asistencia y Procesos Electorales
de 2001 y 2004 y la Comunicación 191/2000 de la Comisión Europea sobre las
misiones de apoyo y observación electoral aquí.
Breve historia de la asistencia electoral. Tres actores principales
El Artículo
21 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas
provee justificaciones legales y morales para la asistencia electoral. Desde la
adopción y proclamación de esta Declaración, en 1948, la noción de asistencia
electoral internacional ha sido objeto de varias transformaciones y ha sido
interpretada de diferentes formas. Sin embargo, siempre ha estado firmemente
arraigada al interior del amplio espectro de los esfuerzos de “asistencia
democrática”.
Para la década de los sesenta, casi todas las
democracias establecidas habían incluido a la asistencia electoral en el marco
de sus iniciativas de asistencia democrática dirigidas a países en desarrollo.
Como tal, este tipo de asistencia ha sido identificada como un importante
factor de estabilización, un facilitador para el desarrollo económico y un útil
instrumento de política exterior. Al mismo tiempo, la asistencia electoral ha
sido utilizada para justificar intervenciones e interferencias en países de
interés estratégico específico. Una forma de asistencia electoral, en los
inicios de la aplicación de esta práctica, fue la prestada en las décadas de
los sesenta y setenta a los partidos políticos de Europa del Sur y
Latinoamérica por parte del gobierno de Estados Unidos y otras agencias
de cooperación como las fundaciones de partidos políticos de Alemania y Gran
Bretaña (para más información al respecto se puede consultar “Ayudando a las
democracias del exterior: la curva de aprendizaje” [“Aiding Democracy Abroad, the Learning Curve”]
Carothers, 1999). Subsecuentemente, las democracias establecidas empezaron a
dar a poro sobre referenda constitucionales y elecciones de transición a través
sus respectivas agencias de cooperación para el desarrollo o más frecuentemente
mediante contribuciones específicas a instituciones multilaterales. Con
excepción del “Paréntesis de los Balcanes”, donde por una serie de
circunstancias específicas la Organización para la Seguridad y Cooperación en
Europa [Organisation
for Security and Cooperation in Europe] (OSCE) estuvo a cargo de la
organización de las elecciones en Bosnia, según lo establecido en los Acuerdos
de Paz de Dayton [Dayton Peace Agreement] y en Kosovo por los Acuerdos
de Rambouillet [Rambouillet Accords], es posible distinguir
claramente tres actores que han dado forma a los métodos en que la asistencia
electoral ha sido justificada y otorgada desde la década de los sesenta: las
Naciones Unidas, Estados Unidos y, desde mediados de la década de los noventa,
la Comisión Europea.
La participación de Naciones Unidas en actividades
relacionadas con asuntos electorales inició formalmente en las décadas de los
sesenta y setenta, [1] cuando su Consejo
de Administración Fiduciaria asistió mediante observación o
supervisión a cerca de 30 plebiscitos, referenda o elecciones en varias
regiones del mundo. Para finales de la década de los ochenta, el PNUD había
financiado diversos proyectos pequeños mediante los cuales se proporcionó
alguna forma de asistencia en aspectos técnicos específicos de los procesos
electorales y para el establecimiento de la infraestructura necesaria para
conducir elecciones. También a finales de los ochenta y principios de la década
de los noventa, la ONU empezó a comprometerse en misiones electorales de mayor
envergadura y con base en tres perfiles: la organización y conducción de
elecciones (como lo realizado a través de la Autoridad de Transición de las
Naciones Unidas en Camboya -UNTAC- en 1993); la supervisión y control de
las elecciones (como en Namibia, a través del Grupo de Asistencia de las
Naciones Unidas para la Transición –UNTAG- en 1989), y de verificación de los
procesos electorales (como en El Salvador en 1994, a través de la Misión
de Observadores de las Naciones Unidas en El Salvador –ONUSAL-).
Estas
actividades, junto con el incremento en la demanda a las Naciones Unidas de
asistencia técnica por parte de los Estados miembros, llevó a la presentación
ante la Asamblea General (AG), en diciembre de 1991, de la Resolución 46/137 “Fortalecimiento de la eficacia del
principio de la celebración de elecciones auténticas y periódicas”. Desde
entonces, el Secretario General ha reportado de manera bianual a la AG [reportes
en inglés] lo relativo a “formas y medios apropiados para el fortalecimiento de
la efectividad del principio de elecciones periódicas y auténticas, en el
contexto de pleno respeto a la soberanía de los Estados miembros.
La misma
resolución establecía la necesidad de que se designara a un funcionario que
actuara como responsable de las actividades de asistencia electoral, para
asegurar, entre otras cosas, la consistencia en la tramitación sistemática de
las solicitudes de los Estados miembros que organizan elecciones; para ayudar
al Secretario General a coordinar y considerar las solicitudes de verificación
electoral; y para canalizar las solicitudes de asistencia electoral a la
oficina o programas correspondientes.
La
resolución de la AG también recomendó la creación de una oficina para apoyar
las tareas del funcionario que actuara como responsable de la asistencia
electoral, siendo la División de Asistencia Electoral la instancia que ha
desarrollado estas actividades, desde 1992. Toda la asistencia electoral que
brinda la ONU debe ser consecuencia de una solicitud hecha por una autoridad
nacional reconocida. Mucha de la asistencia brindada en situaciones de
estabilidad, y en cooperación con actores nacionales, ha sido ampliamente
confiada a los recursos humanos y financieros del PNUD. No obstante, también es
importante las principales actividades realizadas a través del Departamento de
las Naciones Unidas para el Mantenimiento de la Paz (DPKO) en el contexto de
las misiones de mantenimiento de la paz y, de manera creciente, en una “sola
ONU” integrada que recurre a los mandatos y experiencia en un determinado país
de las diferentes agencias que conforman las Naciones Unidas.
La presencia
de campo del PNUD y la encomienda tradicional del Coordinador Residente del
Sistema de Naciones Unidas resultaron importantes factores para facilitar la
instrumentación de la asistencia electoral brindada por la ONU. Los
funcionarios residentes del PNUD aportaron las relaciones que habían
establecido con el gobierno, agencias bilaterales para el desarrollo,
organizaciones no gubernamentales (ONGs) y partidos políticos, así como
infraestructura logística, conocimiento del país y recursos financieros para la
movilización de la asistencia. El apoyo, otorgado desde finales de los ochenta
hasta finales de los noventa, no tuvo el beneficio de una planeación a largo
plazo, sino que frecuentemente se buscó obtener los mejores resultados en
periodos cortos de tiempo.
De manera
similar, hacia finales de la década de los ochenta Estados Unidos empezó a
ofrecer asistencia electoral a través de la Agencia de los
Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), el
Departamento de Estado y la Fundación Nacional para la Democracia (NED). Este
desarrollo ocurrió después que los presidentes Carter y Reagan ubicaran a la
promoción de la democracia como estrategia central de la política exterior
estadounidense. Inicialmente, la asistencia electoral estuvo centrada en
misiones de observación y apoyo a los partidos políticos —a través de
fundaciones privadas como el Centro Carter [Carter
Center], especializado en observación electoral, e instituciones
como el Instituto Nacional Demócrata [National Democratic Institute] (NDI) y el Instituto
Internacional Republicano [International Republican Institute] (IRI), más
activas en el desarrollo de los partidos políticos. En 1987 fue cuando la USAID
empezó también a considerar el establecimiento de una ONG de corte técnico y
profesional, que se dedicara exclusivamente a otorgar asistencia para la
organización de aspectos técnicos del proceso electoral en países en
desarrollo. Fue en esa época que se creó la Fundación Internacional para
Sistemas Electorales [International Foundation for Electoral Systems]
(IFES) (para conocer detalles consulte “Cada voto cuenta” [“Every Vote Counts”]).
Desde entonces, USAID ha mantenido una cierta división entre el trabajo
desarrollado con los partidos políticos y las organizaciones de la sociedad
civil (generalmente confiado a instituciones especializadas como el NDI y el
IRI) y las actividades de asistencia técnica dirigidas a apoyar los procesos
electorales (usualmente encargadas a IFES). Es gracias a su enfoque técnico
razonable de la asistencia electoral que, al paso de veinte años IFES es la ONG
más respetada en esta área, desarrollando alrededor del mundo una amplia gama
de actividades relativas a los procesos eleccionarios y siempre dedicando
recursos a la profesionalización e independencia de los organismos electorales.
La Comisión
Europea (CE) ha estado activa en el campo de la asistencia electoral durante
una década y media, y sus actividades siempre se han apegado de manera firme a
la promoción de la democracia, tal y como se asienta en el Artículo 6 del Tratado de la Unión Europea.
Durante el periodo señalado, las formas por las que se ha brindado esta
asistencia han evolucionado considerablemente, llegando a ser más sustantivas
que meras contribuciones financieras a proyectos diseñados y administrados por
otras instituciones y agencias internacionales. El financiamiento para misiones
de apoyo electoral por parte de la CE inició con la observación de la primera
elección multipartidista en Rusia, de 1993, y de la primera elección
multirracial de Sudáfrica en 1994. En ese mismo año, y siendo un evento de
relevancia específica para su política exterior, la CE también entregó gran
cantidad de apoyos financieros y técnicos a las elecciones generales en
Mozambique, los primeros comicios en ese país tras la finalización de una
guerra civil y la firma de los acuerdos de paz respectivos. Desde entonces, el
apoyo en materia electoral brindado por la CE ha crecido considerablemente,
tanto en número como en alcance. Como ejemplo tenemos la elección presidencial
de la Autoridad Palestina en 1996, la cual fue apoyada tanto técnicamente, como
con misión de observación. A partir de entonces, los proyectos de asistencia
electoral fueron, principalmente, a través de fondos de cooperación para el
desarrollo, pero continuaron siendo programados, por varios años, de acuerdo a
cada circunstancia y sin acercamientos estandarizados o estratégicos. En este
contexto, la norma 976 de 1999 y la Comunicación 191/2000 de la CE sobre las misiones de apoyo y
observación electoral, marcaron un avance importante hacia la
conceptualización de la asistencia y observación electoral, como actividades
complementarias dirigidas a la armonización de sus intervenciones.
Tras un periodo en que las actividades de asistencia
electoral carecían de coordinación y no eran visibles a nivel mundial, la CE es
hoy un actor principal como proveedor de apoyo electoral, en términos tanto de
asistencia como de observación electorales. La creación de una unidad de apoyo
de calidad en el seno del brazo ejecutor de la CE, Europe Aid, impulsó el ya de
por sí marcado aumento en los fondos asignados a las operaciones de asistencia
electoral (alrededor de 320 millones de euros de 2004 a 2006), con un marcado
interés de altos funcionarios respecto de los retos específicos en escenarios
de países donde recientemente se habían suscitado conflictos bélicos.
Paralelamente, el Programa de observación electoral de la Unión Europea ha
logrado con sus primeros logros construir una metodología confiable que puede
ser aplicada en cualquier parte del mundo. Desde 2000, la Unión Europea ha
realizado unas 50 misiones de observación en 35 diferentes países, lo cual ha
contribuido de manera amplia en la disminución de conflictos y en la disuasión
del fraude electoral.
Siguiente: Las duras lecciones de la década de los noventa
[1] La primera ocasión en que la ONU trabajó en
procesos electorales nacionales fue a finales de la década de los cuarenta, con
la observación de las primeras elecciones en la península de Corea.
Las duras lecciones de la década de los noventa
Desde las primeras grandes misiones electorales
encabezadas por la ONU a finales de la década de los ochenta, la asistencia
electoral ha jugado un papel significativo, a veces hasta fundamental, en los
procesos de democratización de muchos países sometidos a transiciones
políticas. No obstante, el periodo de cambio de regímenes que siguió a la
disolución de la Unión Soviética
estuvo caracterizado por un apoyo entusiasta, y con frecuencia incondicional, a
los procesos electorales en Europa del Este y en muchos países de África
subsahariana, América Latina y Asia. Este entusiasmo por las elecciones se
extendió a pesar de que la asistencia internacional estuvo en muchas ocasiones
sin coordinación, que se promovieron sistemas electorales y modelos de
procedimientos inapropiados o insostenibles, y que en algunas ocasiones en
realidad sirvieron para reciclar a antiguos caudillos en líderes legítimamente
electos.
Las agencias de cooperación para el desarrollo
frecuentemente otorgaron contribuciones financieras notables para eventos
electorales particulares (generalmente a petición del país interesado). El
apoyo para procesos electorales apresurados y costosos, mediante instituciones
temporales y con un despliegue masivo de expertos electorales estuvo basado en
la creencia de que las elecciones rápidas podrían ser la panacea para los
problemas económicos y estructurales de los países en transición, y en cierto
modo pondrían en marcha el círculo virtuoso de la democracia en dicho. La
realidad, en cambio, fue que frecuentemente se hizo más difícil que esos países
alcanzaran sus objetivos de desarrollo a largo plazo. Al promover este tipo de
actividades, la comunidad internacional forzó a los países en transición a un
“proceso de desarrollo democrático” artificial y difícil de sostener. Si bien
estos apoyos se realizaron bajo estándares técnicos y financiamiento altos,
también impidieron que los países receptores de ayuda se beneficiaran de las
técnicas y conocimientos que les fueron presentados, y que son un componente
esencial de los proyectos de asistencia técnica.
En la conducción de las llamadas
elecciones de “segunda generación”, realizadas tras un régimen de transición,
se presentaron dos patrones. Por un lado, algunos países fueron abandonados por
la comunidad internacional en un momento crucial de su transición democrática, pues
fueron identificados de manera prematura como nación con un camino democrático
firme, o bien de baja prioridad política. Del lado opuesto, las agencias de
cooperación para el desarrollo y las instancias que prestaban asistencia se
mantuvieron atentas al rumbo tomado por ciertos países, pero empezaban desde
cero en cada proceso electoral que les era solicitada la asistencia electoral. En
ese tenor, eran las propias agencias de cooperación para el desarrollo las que se
definían las necesidades que debían ser consideradas, aunque no en todos los
casos coincidían con las prioridades que tenían los países receptores.
En ambas situaciones, las agencias de
cooperación para el desarrollo se vieron forzadas a repensar los métodos para
acercarse a los receptores de apoyo. En todo caso, la casi completa ausencia de
una coordinación correcta entre las diferentes instancias de ayuda bilateral
y/ó multilateral impactó sistemáticamente en la escasa efectividad y
sustentabilidad de los esfuerzos de asistencia electoral. Incluso si la autoridad
electoral del país que recibía la ayuda había definido claramente sus
necesidades, el interés manifestado por diferentes agencias de cooperación para
el desarrollo para “destacar” su apoyo a un evento atractivo y de alta
visibilidad, generalmente conllevó a traslapes y huecos al momento de abordar
las necesidades reales. Tradicionalmente, la capacitación de funcionarios de
las mesas receptoras del voto de corto plazo, material electoral y educación al
votante para caso, fueron las herramientas preferidas por las agencias de
cooperación para el desarrollo, a pesar de que en la mayoría de los casos estos
no eran sostenibles y tampoco producían efectos duraderos que contribuyeran al
proceso de desarrollo y construcción general de la democracia en los países
receptores de ayuda.
Con el fin de la década de los
noventa, la ola inicial de entusiasmo por apoyar procesos electorales dio paso
a un acercamiento más razonado y realista. En muchos casos, la asistencia
electoral internacional fue crucial para prevenir que hubiera una manipulación
masiva de los resultados por parte de fuerzas antidemocráticas, así como para
fortalecer la legitimidad de partidos y grupos democráticos emergentes y para
persuadir a ex-combatientes de aceptar las reglas del juego democrático. Sin
embargo, también se registraron serias decepciones respecto de las expectativas
de desarrollo de la democracia en países en donde había sido posible llevar a
cabo elecciones debido al apoyo financiero y de expertos internacionales. Esto
llevó a los principales proveedores de asistencia electoral a reconocer que la
evaluación positiva de elecciones debía estar basada en una amplia escala de
parámetros, en la que la conducción pacífica de la votación y una organización
de la elección con logística sólida eran factores visibles, pero ciertamente no
los fundamentales. Esas duras lecciones convencieron a las organizaciones que
brindaban asistencia de que “un proceso electoral exitoso es construido sobre
la legitimidad de las redes institucionales”[1] y que esas
redes están conformadas por un número de componentes cruciales e
interrelacionados. Persuadir a los tomadores de decisión de las agencias de
cooperación para el desarrollo resultó ser una tarea más difícil.
Siguiente: La llamada de atención del nuevo milenio
[1] Andrew Ellis, “From Optimism
to Realism: Ten Years of Electoral Development”, in International IDEA, “Ten
Years of Supporting Democracy Worldwide”, IDEA 10th Anniversary
Publication, May 2005, page 100.La llamada de atención del nuevo milenio
Ante la llegada del nuevo milenio, los organismos encargados de brindar
asistencia técnica empezaron a comprometerse de manera más consistente con las
instancias que les financiaban, a fin de analizar, con mayor profundidad, el
impacto de su ayuda en los países que salían de conflictos, con democracias
emergentes y en transición, en términos de su desarrollo democrático y
económico a largo plazo. El PNUD, en
particular, llevó a cabo una revisión sobre una
década de su experiencia en asistencia electoral[*] (1990-2000), misma que puede
ser considerada como la primera evaluación exhaustiva hecha en el campo de la
asistencia electoral. El resultado de este estudio señala que las elecciones
fueron con demasiada frecuencia apoyadas como eventos aislados, pues la
asistencia electoral no estaba ligada a otros aspectos de la gobernabilidad
democrática, tales como el establecimiento de una constitución, así como el
diseño de sistemas políticos y electorales. Lo anterior, a pesar de que la
asistencia electoral ofrecía un punto de entrada ideal para otros esfuerzos de gobernabilidad
democrática en los países que recibieron la ayuda. El estudio del PNUD presenta
como clara conclusión que la relación entre sistemas electorales y sistemas de
partidos políticos, y la necesidad de involucrar a los grupos de interés a
través del diálogo, no era suficientemente entendida o no era considerada
plenamente durante la planeación de la estrategia para brindar la asistencia
electoral, señalando entonces, por primera ocasión, las responsabilidades de la
comunidad internacional. A la evaluación de esos diez años, siguieron estudios más específicos
del PNUD, mientras que otras agencias de cooperación para el desarrollo como el
Departamento para el Desarrollo Internacional [“Elections and the electoral process a guide to assistance”]
(DFID) del Reino Unido y la Agencia Sueca
para el Desarrollo Internacional [“Democratisation and Armed
Conflicts”] (Sida) llevaron a cabo análisis críticos similares sobre
el apoyo adecuado a los procesos electorales y la necesidad de ubicar la
asistencia electoral de manera más clara en el contexto de esfuerzos a largo
plazo para la democracia y la gobernabilidad.
A pesar del gradual
reconocimiento de la necesidad de modificar las estrategias de acercamiento
para ofrecer apoyo, la dura realidad fue que se hizo evidente que la política
exterior era un gran obstáculo a vencer para la elaboración de proyectos de
asistencia electoral a largo plazo. En ocasiones, el apoyo a elecciones o a
consultas populares organizadas de manera repentina, realizadas tras un cambio
de régimen inesperado o bien tras un importante avance en un conflicto
interminable, no era necesariamente compatible con planes eficientes y
efectivos ni con la ejecución de un proceso electoral transparente e
incluyente, a menos que se hubiera desplegado una presencia internacional
masiva. En muchos otros casos persistió una dicotomía en el enfoque realizado
por muchas agencias de cooperación para el desarrollo (y por consecuencia en la
elaboración de programas de asistencia) entre la conveniencia de invertir en el
desarrollo de capacidades y los imperativos de índole política para alcanzar
los mejores resultados en el menor tiempo posible.
La mayoría de las agencias de
cooperación para el desarrollo asumieron que “la democratización tiende a
desplegar una serie de etapas en secuencia”[1], de manera que el diseño
institucional que era establecido y puesto en marcha mediante la asistencia
técnica internacional, eventualmente podía ser identificado por los nuevos
dirigentes del país que recibió el apoyo como un esquema que no respondería a
sus necesidades. Durante los periodos entre elecciones, muchos países en
desarrollo se alejaban de la trayectoria inicialmente establecida para su
democracia al reformar sus sistemas políticos y electorales. En muchas ocasiones,
estos cambios fueron resultado de un proceso genuino de desarrollo democrático
al interior de esas naciones. En otros casos, los cambios fueron impuestos por
los nuevos gobernantes en un intento por mantenerse en el poder. En ambos
casos, las consecuencias se reflejaron en una mala estimación de las
implicaciones técnicas y financieras que dichas reformas generaron en la
organización de nuevas elecciones y, en consecuencia, en solicitudes tardías de
apoyo a la comunidad internacional, que tenía que cumplir con las expectativas
políticas del país que recibía el apoyo, a fin de mantenerlo en el “camino democrático”.
En ese tipo de situaciones, el papel de la política internacional pudo
significar que la ayuda electoral sirvió involuntariamente a agendas políticas
nacionales, por encima de apoyar al país receptor de la ayuda en mejorar sus sistemas
y procesos electorales en el marco de una gobernabilidad democrática avanzada.
De cara a la creciente
concientización de su limitada efectividad, esta clase de asistencia fue
repetida en diversas ocasiones, y a menudo frustraron los esfuerzos realizados
por los funcionarios de los organismos interesados en brindar asistencia
técnica, que habían estado defendiendo otro tipo de estrategias. Por tanto, las
reformas electorales se convirtieron en un arma de doble filo: por una parte
fueron defendidas e impulsadas para permitir que los países receptores de apoyo
siguieran su propia ruta de desarrollo democrático; por otra parte, también se
generó amplio temor hacia las propias reformas, pues no se podía prever la
dimensión de la asistencia técnica y financiera necesaria, además de las
preocupaciones sobre la sustentabilidad de los procesos electorales.
Las misiones internacionales de
observación electoral independientes jugaron un papel importante en el cambio
de perspectiva de las instancias que brindan asistencia electoral en cuanto a
sustituir el apoyo a cada elección por uno de características cíclicas. Las
evaluaciones y reportes elaborados por las misiones de observación
representaron una valiosa herramienta para determinar de mejor forma las
fortalezas y debilidades de los procesos electorales en un país determinado,
así como de sus procesos de reforma. La observación electoral en el nuevo
milenio tuvo un factor de desarrollo considerable, pues de las misiones conducidas
a principio de la década de los noventas que se caracterizaron por no tener un
papel activo ni analítico, se avanzó hacia ejercicios sofisticados y complejos,
especialmente por la iniciativa de la Unión
Europea, la
Oficina para Instituciones Democráticas y Derechos Humanos de
la Organización
para la Cooperación
y Seguridad en Europa (OSCE-ODIHR),
y fundaciones independientes, como el Centro Carter.
Actualmente las misiones de observación
organizadas por las instituciones arriba mencionadas son desplegadas tras la
realización oportuna de valoraciones y la aplicación de metodologías precisas[*] y probadas, así como la aprobación interna de un código de
conducta, basado en la Declaración de Principios para
la Observación Internacional de Elecciones. La observación electoral
apartidista realizada por grupos nacionales e internacionales puede contribuir
ampliamente a elevar la integridad de los procesos electorales mediante la
disuasión de irregularidades y fraudes, la promoción de confianza hacia el
proceso electoral, el debilitamiento de potenciales conflictos relacionados con
las elecciones durante el periodo previo a estas, y de manera más importante, proporcionando
recomendaciones sustentadas a fin de reformar y mejorar el sistema democrático.
Hoy en día existe una tendencia creciente para que las organizaciones
nacionales e internacionales de observación den seguimiento a las elecciones
legislativas y presidenciales subsecuentes. Además, las misiones son
desplegadas para observar elecciones locales y referenda, con el ánimo de promover
elecciones genuinas, transparentes y eficaces. Todo lo cual implica el
fortalecimiento de las instituciones democráticas y el respeto a los derechos
humanos, así como la aplicación de las leyes; aspectos que también se benefician
de los programas de cooperación para el desarrollo. Sin embargo, aunque las
misiones de observación emiten informes detallados en los que se destacan las
fortalezas y debilidades de los procesos electorales, rara vez han sido utilizados
para establecer y estructurar programas futuros de asistencia electoral.
Generalmente, esto se debe al limitado conocimiento que tienen las misiones de
observación electoral de los mecanismos de cooperación para el desarrollo y sus
implicaciones respecto de las complejidades de las estructuras de la
administración electoral en los países que reciben apoyo.
Siguiente: Enfrentado las realidades
electorales: demasiada asistencia, demasiado tarde
[1] Thomas Carothers, “The End of the Transition
Paradigm”, Journal of Democracy, Volume 13, N.1, January 2002.
[*] en inglés
Enfrentado las realidades electorales: demasiada asistencia, demasiado tarde
Las lecciones aprendidas por la mayoría de las
agencias de cooperación para el desarrollo a través de los procesos de evaluación
descritos anteriormente, en proporción con las restricciones que enfrentan las
instancias que prestan apoyo al poner estas conclusiones en práctica, han sido
el tema de iniciativas y estudios de mayor detalle, promovidos principalmente
por IDEA Internacional, la Comisión Europea
y el PNUD, con el ánimo de hacer que la asistencia electoral efectiva se ubique
mas allá de facilitar elementos técnicos para un evento electoral. El propósito
de estas iniciativas ha sido establecer claramente a los grupos de interés y a
las agencias de cooperación para el desarrollo la necesidad de enfrentar la
realidad respecto de que han brindado demasiada asistencia fuera de tiempo, pues
sus contribuciones únicamente han paliado los problemas estructurales, sin
resolverlos.
Al respecto, la Conferencia de Ottawa[*] , organizada por
IDEA Internacional y por la Agencia
Canadiense para el Desarrollo Internacional (CIDA) en mayo de
2006, representó un momento determinante para el establecimiento de un nuevo
acercamiento que haga de la asistencia electoral una efectiva y significativa
para el desarrollo democrático total de los países a los que se brinda apoyo.
Fue reconocido formalmente que, aunque algunos conceptos como “efectividad”, “sustentabilidad”
y “desarrollo de capacidades” fueron reconocidos como la manera de lograr un
avance, llevar a la práctica estos conceptos era difícil. El apoyo para la
construcción de instituciones es, por su propia naturaleza, un ejercicio de
largo plazo, y por tanto menos visible o, tal vez, con menor atractivo político
en circunstancias donde las elecciones se efectuarían en años posteriores.
Además, el progreso en la construcción de instituciones es difícil de medir y a
la vez fácilmente influenciable por factores externos y eventos imprevistos,
por tanto no siempre se informa del mismo en programas gubernamentales amplios
o está siquiera ligado a éstos. La consecuencia potencial de la negligencia
respecto del fortalecimiento de las instituciones en periodos donde no se
verifican elecciones, es que pueden llevarse a cabo comicios “abiertos y
democráticos” en países semiautoritarios, en los que se brindan espacios a la
oposición únicamente en los breves periodos en que el mundo está pendiente de
dichos comicios. De manera similar, si lo que se busca es generar cambios
reales, las actividades relativas a la construcción de instituciones deben de
estar apoyadas por el correspondiente mejoramiento de la pluralidad y de la
aplicación de las leyes.
En algunas ocasiones, estas prácticas han
llevado a que las agencias de cooperación para el desarrollo fueran utilizadas
de manera poco correcta y excesiva.
Por ejemplo, oficiales de estas agencias se
podrían haber visto presionados para utilizar los recursos financieros
destinados a brindar apoyo en gastos inmediatos no redituables, en lugar de
inversiones con beneficio de largo plazo (consulte el apartado “Utilizando la tecnología”[*]).
Además el retraso en la reacción de las agencias de cooperación para el
desarrollo en cuanto a identificar las necesidades de la asistencia y planear
sus responsabilidades ante la prestación de apoyo, podría ser utilizado por los
receptores de la ayuda para ejercer mayor presión.
Para dirigir el apoyo hacia la
sustentabilidad –una etapa importante y frecuentemente subestimada- se debe llamar a los grupos de interés para
que éstos se encarguen de definir cuáles son las necesidades que deben
atenderse una vez concluido el evento electoral, y en el periodo entre
elecciones. Debe hacerse una consulta amplia y generarse tantos consensos como
sean posibles entre todos los grupos de interés (incluyendo el gobierno, los
partidos políticos, medios de comunicación, organizaciones de la sociedad civil
interesadas en la gobernabilidad democrática, académicos e instituciones
especializadas en el análisis), acerca del sistema político, las disposiciones
legales aplicables, los sistemas electorales y las actividades relacionadas con
estos. Esto podrá promover el compromiso y cumplimiento de los grupos de
interés en materia política y electoral a todos los niveles, tanto durante el
periodo electoral, como después de este.
Con este fin, las agencias de
cooperación para el desarrollo tienen la responsabilidad de asegurarse de que
los objetivos establecidos en los programas de asistencia electoral cuenten con
visión de largo plazo y con una estrategia para la democratización del receptor
del apoyo. Recíprocamente, los programas de democratización y buen gobierno necesitan
estar alineados con los planes y las prioridades de los programas nacionales de asistencia
para el desarrollo (programas para la reducción/erradicación de la pobreza) y
deben ser una parte integral del diálogo entre las agencias de cooperación para
el desarrollo y el gobierno del país que recibe el apoyo.
Siguiente: El enfoque del ciclo electoral
[*] en inglés
El enfoque del ciclo electoral
De manera conjunta, las agencias de cooperación
para el desarrollo y los países que reciben el apoyo deberían planear e
instrumentar la asistencia electoral en un marco de gobernabilidad democrática
y pensando en un futuro de 10 años, más que reaccionar según lo acontecido en
cada evento electoral. A fin de alcanzar esta meta, es crucial que se
reconozca, tanto a nivel político como operacional, que cada vez que se adoptan
decisiones para apoyar el proceso electoral, estas medidas conllevan involucramiento
y compromiso con la evolución democrática del país respectivo que trascienden al
evento que es apoyado en ese momento. Cualquier decisión para mantener la
asistencia electoral de acuerdo a cada caso, si bien es aceptable como contingencia
política, debe estar acompañada de la consideración de que no resolverá el
vacío democrático en ningún país, y que en cambio desencadenará un proceso de
cooperación para el desarrollo menos estable. En efecto, el problema medular de
los proyectos de asistencia electoral pasados no descansa en haber brindado
apoyo en un corto plazo, sino en la creencia de que ese apoyo fuera suficiente
para asegurar la sustentabilidad de los procesos electorales siguientes, así
como la independencia y transparencia de los organismos electorales y el desarrollo
democrático subsecuente del país receptor de la ayuda.
Estas consideraciones, junto con el
reconocimiento de que todavía había obstáculos al instrumentar una asistencia
de largo plazo, derivaron en el desarrollo, de parte de IDEA Internacional y la Comisión
Europea, de una herramienta visual sobre planeación y capacitación,
que pudiera ayudar a las agencias de cooperación para el desarrollo, los
organismos que prestan asistencia electoral y los funcionarios electorales de
los países que reciben apoyo, a entender la naturaleza cíclica de los varios retos
enfrentados durante los procesos electorales. A esta herramienta se le conoce
como el
enfoque del ciclo electoral[*] .
Los procesos electorales se componen de una
serie de bloques entrelazados, en cada uno de los cuales se identifican
diferentes grupos de interés interactuando y ejerciendo influencia sobre los
demás. Los componentes electorales y los grupos de interés no son autónomos.
Son interdependientes, y por tanto la falla de uno de los componentes (por
ejemplo un error en el sistema de registro de votantes) puede impactar de
manera negativa en todos los demás, incluyendo aspectos como recursos humanos y
financieros, costos, la disponibilidad de materiales, transportación,
capacitación y seguridad, y otros relativos a la credibilidad de la elección
misma. De igual manera, si un proceso electoral sufre de baja credibilidad, se
daña de manera directa el proceso de democratización del país que recibe el
apoyo, bloqueando sus objetivos de desarrollo en general.
El diseño del enfoque cíclico a los procesos
electorales y a la asistencia electoral estuvo a cargo de especialistas
electorales de la Comisión
Europea y de IDEA Internacional que trabajaron en el módulo piloto para
capacitar a funcionarios involucrados con proyectos de asistencia electoral de
las agencias de cooperación para el desarrollo. Rápidamente, este concepto fue
ganado consensos entre expertos y las propias agencias. La conceptualización de
esta herramienta se completó con la publicación de la Guía Metodológica sobre
Asistencia Electoral de la Comisión Europea[*], el Manual de IDEA Internacional para el Diseño de Administraciones
Electorales[*] y la Guía del PNUD para la
Instrumentación de Asistencia Electoral[*]. Esta propuesta ha sido
respaldada oficialmente por la Comisión
Europea y el PNUD para
cualquier proyecto regular de asistencia electoral, a través de la firma, en
abril de 2006, de los “Lineamientos Operacionales
para la Instrumentación de Asistencia Electoral”[*]. Este documento
reconoce que “la asistencia electoral
debe incluir todas las fases del ciclo electoral, ya que los periodos entre
elecciones son tan cruciales en la construcción de elecciones, como la
realización de las mismas. Así, es importante mantener comunicación interinstitucional
de forma regular y apoyar las actividades realizadas antes, durante y después
de los periodos electorales; para aprovechar las lecciones aprendidas y la
memoria interinstitucional, a fin de mejorar los procesos electorales de los
países beneficiarios”. Estos lineamientos están actuando como catalizador,
pues otras agencias de cooperación para
el desarrollo están siendo animadas a utilizar las estrategias y disposiciones de
los proyectos de asistencia electoral coordinados por el PNUD.
El objetivo de este ensayo no es describir las razones
que fundamentaron el enfoque del ciclo electoral, sino resaltar la rapidez con
que se convirtió en piedra angular de los esfuerzos para hacer más efectiva a
la asistencia electoral. Desde su primera conceptualización en 2005, ha habido diversos
proyectos de asistencia técnica que se han instrumentado o diseñado con base en
los principios establecidos en los Lineamientos Operacionales, y que contaron
con información del enfoque del ciclo electoral (República Democrática del
Congo, Timor Oriental y Sierra Leona). También ha llegado a ser un modelo para
la planeación de proyectos de asistencia electoral, tanto para el desarrollo de
capacidades al interior de los organismos electorales nacionales como para crear
conciencia entre los grupos de interés.
La comprensión adecuada de los componentes,
fases y puntos de entrada del ciclo electoral ideal, debe ser usado para
elaborar un mejor plan y para dar respuesta a cualquier llamado repentino para
asistencia electoral urgente, y desde un principio tener claro qué puede
alcanzarse y qué se requiere en un corto plazo, así como identificar cuáles
deben ser los objetivos para otras asistencias de largo plazo. Es esencial
reconocer las diferentes necesidades y características de cada una de las
etapas, así como la coordinación entre los grupos de interés y las agencias que
brindan la asistencia, para la apropiada identificación, formulación e
implementación del programa. Para la instrumentación de operaciones en campo, la Comisión Europea
y el PNUD han establecido mecanismos conjuntos de alto nivel para el monitoreo
y el apoyo a la calidad de los mecanismos (la Fuerza de Tarea Conjunta para la Asistencia Electoral
de la Comisión Europea y el PNUD -JTF-). Esto es un paso más hacia la
consolidación de los principios para hacer más efectiva a la asistencia
electoral. La JTF se aboca a la identificación, formulación, instrumentación,
apoyo y monitoreo de todos los proyectos de asistencia electoral conjunta entre
la Comisión Europea
y el PNUD, en cada ocasión que las delegaciones de la Comisión Europea
y/o las oficinas del PNUD en un determinado país lo solicitan. Las lecciones
aprendidas son recabadas y codificadas, de manera que pueden aplicarse de
manera efectiva en la instrumentación de nuevos proyectos de asistencia
electoral, actividades de capacitación realizadas de manera conjunta entre la Comisión Europea
y el PNUD, y el proyecto de la Red
de Profesionales de ACE.
El enfoque del ciclo electoral también ha probado
ser una herramienta de enseñanza formidable para los funcionarios electorales.
La asistencia electoral efectiva requiere de una transferencia adecuada del
saber cómo hacer las cosas, a través del desarrollo de capacidades a largo
plazo, lo que permite que los administradores electorales lleguen a ser más
profesionales y conozcan mejor los planes e instrumentación de las tareas que
les han sido asignadas (consulte el apartado sobre “Fortalecimiento institucional
y desarrollo de capacidades”). El enfoque del ciclo electoral es un
instrumento clave para facilitar el entendimiento de la interdependencia que
existe entre las diferentes actividades relacionadas con el proceso electoral,
ayudando a los funcionarios de los organismos electorales a planear y asignar
recursos para actividades específicas, en periodos de tiempo más adecuados, en comparación
con experiencias anteriores. En particular, este instrumento establece
enfáticamente la importancia del periodo posterior a las elecciones como un
momento significativo para el crecimiento institucional, y no solamente un mero
espacio vacío entre elecciones.
Finalmente, las elecciones otorgan un punto de acceso
importante y seguro para las mediaciones dirigidas a apoyar el desarrollo de la
gobernabilidad democrática, como el fortalecimiento de la sociedad civil, la
promoción de los derechos humanos (incluyendo aspectos de género, minorías y
población indígena), apoyo a los órganos parlamentarios, al desarrollo de los
partidos políticos y medios de comunicación, al fortalecimiento de la
aplicación de las leyes y de la impartición de justicia, y más oportunidades
para el diálogo político y la disminución del conflictos. Los programas de
asistencia electoral deben ser diseñados para ser mucho más amplio que el
concepto tradicional de apoyo electoral. El enfoque del ciclo electoral es de
gran valor, pues incorpora a más actores en el proceso y los dota de
herramientas para la mejor identificación de los momentos y roles para el
desempeño de sus propias acciones. En consecuencia, el apoyo financiero debería
estar vinculado a estrategias integrales y de largo plazo, que incluyeran al
periodo electoral como una fase del proceso de democratización a más largo
plazo.
Siguiente: Estableciendo un proyecto de Asistencia
Electoral Efectiva: de la identificación a la evaluación
[*] en inglés
Estableciendo un proyecto de Asistencia Electoral Efectiva: de la identificación a la evaluación
De las diferentes etapas de la
vida de los proyectos de asistencia electoral, tal vez las de importancia
crítica para su efectividad son las de planeación, identificación y formulación.
A pesar de la amplia aceptación de este axioma, no se ha dado la coordinación
automática entre las diferentes agencias de cooperación para el desarrollo para
las etapas de identificación y formulación. El enfoque del ciclo electoral
proporciona a estas agencias elementos básicos para entender cuáles son los puntos de acceso dentro de un
proceso electoral. Por tanto, las instancias dedicadas a la cooperación para el
desarrollo deberían reunirse al principio de cada nuevo ciclo y enviar misiones
conjuntas de evaluación de necesidades electorales: lo ideal sería que esto
también ocurriera al final del ciclo previo. Las agencias de cooperación para
el desarrollo a menudo necesitan que se les recuerde, tanto por las instancias
que brindan asistencia como por las partes que la reciben, que los objetivos de
la asistencia deben determinarse y estar a la vista al principio de la etapa:
aquí es cuando se vuelve crucial la aclaración de los plazos correspondientes a
las diferentes actividades incluidas en el ciclo electoral.
La División de Asistencia Electoral de las
Naciones Unidas (UNEAD) y el PNUD han venido realizando mayor número de misiones
conjuntas de evaluación de necesidades técnicas electorales, a fin de aportar información
sobre las generalidades de cada proyecto y las fases de su formulación, así
como para asegurarse de que los retos políticos y electorales están
puntualmente incluidos en el diseño de los mismos. En diversas ocasiones la UNEAD, el PNUD y la Comisión Europea
han organizado misiones conjuntas de evaluación de necesidades y formulación de
asistencia electoral, dando como resultado acercamientos más coherentes y
coordinados. La ampliación y estandarización de esta clase de prácticas serán
cruciales para asegurar una coordinación adecuada desde el inicio.
Las visitas para la evaluación de necesidades deberían
incluir conversaciones con todos los grupos de interés relevantes, y proveerlos
con información respecto del porqué los requerimientos identificados por estos
grupos han sido o no incluidos en los programas de asistencia. El trabajo del
equipo que realiza la visita de evaluación se vuelve fundamental para la buena
planeación de los proyectos de asistencia electoral, y no simplemente para la
identificación de las características de las necesidades de la propia
asistencia técnica, sino que también para brindar elementos adecuados para la
consideración de las restricciones en materia administrativa y del propio
ambiente político y social que presenta el país que recibiría el apoyo (por
ejemplo, prevención de conflictos). Al respecto, para identificar las
necesidades a incluir en el proyecto de asistencia deberían tomarse en cuenta las
lecciones aprendidas y las conclusiones incluidas en los informes elaborados
por los grupos que observaron las elecciones previas. Además de realizar una
planeación anticipada, un programa desarrollado de manera proactiva, más que un
programa de reacción, así como la formulación de planes de contingencia
dirigidos a atender solicitudes de asistencia hechas de manera tardía o de
emergencia, tendrá mayor impacto y rentabilidad. Finalmente, la importancia de que
se compartieran las conclusiones respecto de las necesidades arrojadas por las
misiones de evaluación y que se adoptara una terminología común entre las
agencias de cooperación para el desarrollo y otras instancias que brindan
asistencia electoral, tendría como resultado un amplio incremento en la
cooperación para la formulación de los programas de asistencia respectivos.
La identificación y planeación de actividades se
beneficiaría ampliamente del desarrollo de un conjunto estandarizado de herramientas
para ciertas situaciones que cubriera las necesidades de las misiones de
evaluación, que tomara en cuenta todos los elementos antes mencionados, y que
fuera utilizado en colaboración con los grupos de interés, tales como
autoridades electorales, organizaciones de la sociedad civil y de observadores.
Dichas herramientas incluirían un menú de opciones para la asistencia en cada
etapa del ciclo electoral, vinculadas a la evaluación de riesgos e
identificación de costos y beneficios de implementar o no las ya citadas
opciones del menú.
Con respecto a las actividades de desarrollo de
contenidos de los proyectos de asistencia electoral, se debería impulsar que
fueran los grupos de interés nacionales quienes tomaran el liderazgo en determinar
las prioridades y las vincularan a objetivos de desarrollo nacional, haciendo
uso de la asesoría internacional cuando fuera conveniente y dentro de los
parámetros de los mecanismos de cooperación para el desarrollo. Se debe tomar
en consideración lo práctico que puede resultar un programa multifacético
dependiendo de la capacidad administrativa local, y de si se podrían obtener
mejores resultados mediante múltiples programas enfocados a objetivos reducidos,
en un marco de asistencia a la democratización amplio y coordinado.
Es importante que los apoyos de la asistencia
electoral, y sus diversos componentes, sean otorgados de manera balanceada entre
distintas instituciones, tanto a las encargadas de administrar los procesos
electorales como a los medios de comunicación y otras organizaciones de la
sociedad civil. Los programas de asistencia exitosos generalmente promueven la
creación de grupos de ONGs a nivel nacional dedicados a actividades de educación
cívica y electoral y a otorgar asistencia técnica para la observación electoral
doméstica, como contrapeso al apoyo dado a los organismos electorales. A menudo
se omite la incorporación del apoyo a los mecanismos de resolución de controversias
electorales y la capacitación de los medios de comunicación sobre el ciclo
electoral en los programas de asistencia electoral, aunque es vital para que
haya confianza en el proceso electoral y para promover la comprensión hacia las
necesidades de publicidad continua de los organismos electorales y de otros
actores de las elecciones. La especificación de los objetivos de los
proyectos de asistencia electoral debe estar alineada con la ampliación de la
democracia y los programas de buena gobernabilidad que hayan convenido de común
acuerdo las agencias de cooperación para el desarrollo con los países que
reciben el apoyo, considerando también los programas nacionales para la
reducción y erradicación de la pobreza, y deben estar también insertados en el
dialogo político con el gobierno receptor.
La instrumentación de los programas
es obviamente toral para su efectividad, pero es importante establecer
objetivos claros desde el principio. Al respecto, y si se busca asegurar
calidad y efectividad, la contratación de expertos en materia electoral
requiere de una mejor coordinación entre los diferentes actores relacionados
con la elección, así como una amplia atención para identificar los perfiles
profesionales más adecuados. En general, el mecanismo que ha demostrado tener
los mejores resultados es aquel cuya coordinación en los diferentes niveles de
asistencia cubre aspectos políticos, técnicos y de organización. Adicionalmente,
es esencial la participación
de las instituciones del país que recibe el apoyo en los mecanismos de
coordinación técnica, pero debe ser planeada antes de que tenga lugar. La típica
crisis de liquidez a la mitad del periodo de instrumentación puede evitarse al
enlazar los desembolsos de dinero con plazos y puntos de referencia específicos
del ciclo electoral. Se debe estimular la participación de los grupos de
interés mediante la solicitud para que sus miembros participen en un ejercicio
común e incluyente de compartir información, por ejemplo a través de un
mecanismo donde estén involucrados el organismo encargado de la organización de
la elección, los partidos políticos y las organizaciones de la sociedad civil.
El componente de los programas de
asistencia electoral más descuidado sigue siendo el monitoreo y evaluación.
Esto se debe en parte a la dificultad para evaluar objetivamente el progreso en
el corto plazo del proceso de democratización en el país que es objeto de un
proyecto de asistencia. Aún así, el enfoque del ciclo electoral, comentado anteriormente, ofrece una
plataforma para que las agencias de cooperación para el desarrollo sigan
involucradas de forma continua a lo largo de este delicado proceso, donde se
pueden dar avances importantes para mejorar la calidad de la siguiente etapa de
la asistencia. Cada auditoría operativa, reporte de desempeño (tanto externos
como por parte de los receptores de la asistencia), herramienta de evaluación y
monitoreo de los resultados obtenidos, y reporte post-electoral por uno o más
grupos de interés ayuda a que los programas de asistencia electoral sean más
efectivos, al tiempo que promueven y ayudan la propia evaluación de los mismos.
Los programas de asistencia deberían
adoptar un enfoque administrativo basado en resultados, cuyos indicadores sean
acordados por las agencias de cooperación para el desarrollo, las instancias
que brindan asistencia técnica y quienes la reciben. IDEA Internacional, el
PNUD y la Comisión Europea
se encuentran a la vanguardia de esta actividad y están comprometidos con la
elaboración de una nueva metodología para la evaluación de la asistencia
electoral, tomando como base los 12 principios señalados en la Declaración de París sobre la Eficacia de la Ayuda
para el Desarrollo firmada en marzo de 2005.
Siguiente: Fortalecimiento y desarrollo de capacidades institucionales
Fortalecimiento y desarrollo de capacidades institucionales
Actualmente, es ampliamente conocido por todos
los involucrados que la asistencia electoral debe de considerar todas las fases
del ciclo electoral: sin embargo, este acercamiento presenta una serie de retos
por sí mismo que son valorados ampliamente. Entre los más relevantes hallamos el
agotamiento post electoral entre funcionarios electorales y tomadores de
decisión de instituciones y agencias de cooperación, así como la indiferencia
política hacia cualquier tipo de reforma electoral, política y administrativa
que impacte en la administración de elecciones. Uno de los problemas
recurrentes es que a nivel político se subestiman las consecuencias
administrativas y financieras que acompañan a una decisión etiquetada como
puramente técnica (por ejemplo, la decisión de seguir adelante con una reforma
electoral de tipo administrativa crucial, como la transición de levantar un
registro de votantes para cada proceso electoral a un registro civil integrado
de carácter permanente). El análisis de varios de los retos enfrentados en el
intento de mejorar la efectividad de la asistencia electoral señala que el
desarrollo profesional de los funcionarios electorales debe ser incluido como
una actividad permanente por parte de los organismos que brindan asistencia,
así como de las instancias que la reciben. Ello ofrece la mejor oportunidad de
asegurar la sustentabilidad institucional de las autoridades electorales de los
países que reciben asistencia y una
estrategia exitosa para que las agencias de
cooperación para el desarrollo y los organismos de países que brindan
asistencia puedan desligarse gradualmente.
Los cambios en los procedimientos
electorales y el incremento en la sofisticación de ciertos procesos son de tal
magnitud que el equipo de trabajo más experimentado no puede depender
únicamente de sus conocimientos para llevar a cabo sus tareas de la manera más
adecuada. Además, las autoridades responsables de la administración de la
elección deben combatir con la típica “fuga de cerebros”, que generalmente se
da entre el personal más calificado, quienes buscan oportunidades de trabajo
mejor remuneradas en el sector privado o en organismos internacionales, dándose
por consecuencia la pérdida de memoria institucional. Sin embargo, los beneficios
de las actividades de capacitación y para el desarrollo profesional no son
tangibles de manera inmediata y ofrecen poca vistosidad a las agencias de
cooperación para el desarrollo, a diferencia de lo que ocurre con las urnas o
la educación al votante y los materiales informativos. Los organismos
electorales de los países que reciben asistencia generalmente pasan tiempos
difíciles al persuadir a las instancias de gobierno para que se apruebe un
presupuesto que cuente con fondos suficientes para realizar actividades de
capacitación dirigidas a su personal. Esta es una de las áreas donde
típicamente es requerida la asistencia internacional, en ocasiones en una etapa
muy tardía del ciclo electoral, en la que los oficiales electorales están
inmersos en tareas de operación relacionadas con el proceso electoral en
puerta. Además, la escasez de personal calificado en otros sectores de la
estructura del país que recibe la ayuda, puede ser un factor adicional para
prevenir la colaboración de recursos provenientes de otros países socios en el
proceso electoral.
La asistencia electoral efectiva
en este sector debería significar tener mayor conciencia sobre las necesidades
que la autoridad electoral tiene en materia de desarrollo profesional de su personal y de su capacidad institucional de la autoridad electoral, en
lugar de centrarse, únicamente, en las necesidades de capacitación en materia
de procedimientos relacionados con un proceso electoral determinado. El
desarrollo organizacional y del personal (OSD —organisational and staff development)
significa capacitar y dotar de habilidades al personal permanente de las
autoridades electorales, tomando en cuenta el desarrollo del personal de
carrera. El propósito de OSD es unificar los objetivos estratégicos de la
autoridad electoral y las habilidades necesarias para conseguirlos mediante las
metas de desarrollo profesional de su personal. El desarrollo del personal puede
darse, básicamente, como una capacitación informal de corto plazo, una personalizada
donde funjan como instructores funcionarios de jerarquía dentro de la propia
autoridad electoral o bien funcionarios de otras organizaciones, y capacitación
de largo
plazo a manera de cursos o programas para el desarrollo académico.
La tendencia de las instancias que brindan
asistencia electoral y de las agencias de cooperación para el desarrollo
respecto de enfocarse demasiado en elecciones nacionales, bajo la premisa de un
proceso de democratización de arriba hacia abajo, debería ser seriamente
reconsiderada. Las elecciones locales pueden ser igual de importantes que las
nacionales para el desarrollo democrático del país que recibe la asistencia, y precisa
igualmente de programas con objetivos dirigidos a generar y/o desarrollar capacidades.
Uno de los aspectos claves para alcanzar una
asistencia efectiva es la promoción de reformas legislativas que provean a los
altos funcionarios de las autoridades electorales con los medios necesarios
para proteger la memoria y la continuidad institucional. Esto se puede lograr
al establecer periodos escalonados a los miembros de la autoridad electoral o
mediante una clara delimitación de las responsabilidades entre el órgano máximo
de dirección y el secretariado de la autoridad electoral. Se vuelve crucial
ayudar a la autoridad electoral a desarrollar una visión coherente de su
actuación en periodos entre elecciones, misma que puede formar parte de una
serie de propuestas de reforma electoral sobre aspectos de largo plazo. Incluso
la posibilidad de fortalecer el desarrollo y profesionalización del personal de
la autoridad electoral debe estar identificada y apoyada, incluyendo, de ser
posible, la consideración de contar con el auxilio internacional.
Siguiente: Conocimiento y servicios de
desarrollo de capacidades existentes
Conocimiento y servicios de desarrollo de capacidades existentes
Las actividades de la autoridad electoral
dirigidas al desarrollo de sus capacidades y al fortalecimiento institucional
(así como los proyectos de asistencia electoral que usan asesores y consultores
con experiencia en otros países), necesitan estar estructuradas de tal manera
que aseguren la efectiva transferencia de conocimientos y la capacitación, de modo que los
logros del proyecto respectivo no se pierdan con la salida de los asesores y
consultores. En este contexto, en cada plan de desarrollo de capacidades de las
autoridades electorales se deberían aprovechar los instrumentos y mecanismos
que se encuentran disponibles a costos muy accesibles para compartir y
diseminar el conocimiento y los servicios de desarrollo de capacidades, y las
agencias de cooperación para el desarrollo deberían estar atentas al constante desarrollo
de esta clase de instrumentos. La asistencia electoral efectiva pasa por el
contacto interinstitucional regular y redes de conocimiento electoral
construidas por expertos, funcionarios e instancias que brindan asistencia
técnica.
Para hacer frente a todos los retos generados
por las necesidades tan cambiantes y la creciente sofisticación de la
administración de elecciones, y con el propósito de realizar una asistencia
electoral más efectiva, la Red de conocimientos electorales ACE ha
expandido su rango de actividades en los últimos dos años de manera
considerable. De su original concepto de un sitio en línea donde se almacenaba
conocimiento electoral, ha evolucionado a un esfuerzo mucho más dinámico que
contiene una sección informativa llamada "Elecciones Hoy", en la cual se incluyen
artículos donde se abordan los más recientes eventos electorales o temas sobre
administración de elecciones, así como una Enciclopedia ACE
más amplia y actualizada, que contiene en sus más de 10,000 páginas casi todos
los aspectos relevantes del proceso electoral, con un énfasis continuo en la
sustentabilidad, el profesionalismo y la confianza en el proceso electoral.
Otras de las características relevantes de la Red de conocimientos electorales
ACE son las secciones de "Datos comparados"[*]
y "Materiales muestra", en las que los usuarios
pueden encontrar información y ejemplos comparados de cómo las actividades y
los procesos electorales son organizados en otros países. Las funciones más
dinámicas de ACE están concentradas en la sección "Consejos electorales"[*] donde aproximadamente
200 expertos electorales brindan consejos, previa solicitud, a los miembros de
la red de practicantes, académicos y oficiales electorales de todo el mundo;
así como "Regiones y Países", que contiene
información electoral de casi todos los países del mundo, misma que es
actualizada por los centros regionales de ACE. Estas dos últimas secciones son
administradas por IDEA Internacional, con base en el financiamiento otorgado
por la Comisión
Europea y el Fondo de las Naciones Unidas para la Democracia (UNDEF).
Aunque sigue en su fase piloto, la asesoría
brindada por la Red de conocimientos electorales ACE a través de su red de
expertos a los encargados de la planeación electoral ha tenido impacto en la
manera en que un número de proyectos de asistencia electoral recientes han sido
formulados y están siendo instrumentados. El compartir los éxitos y fracasos de
las iniciativas de apoyo en materia electoral en diferentes estructuras legales
e institucionales, ha evitado la repetición de errores realizados en otras
partes, así como la típica "reinvención de la rueda electoral" que ha estado
presente en diversos proyectos de asistencia realizados en el pasado. El
establecimiento de centros regionales ACE en ubicaciones geográficas
estratégicas alrededor del mundo, ha incrementado la dimensión global de este
mecanismo, al añadir actividades con un enfoque regional específico y una serie
de perspectivas respecto de varias facetas del proceso electoral; más allá de la
mera recolección de información a nivel nacional y regional.
Los centros regionales ACE se han creado para
servir como un centro neurálgico de conocimientos para la generación,
colaboración y aplicación de nociones electorales en proyectos futuros de
asistencia en esta materia, caracterizados por una instancia solicitante y un
organismo que encabece el acercamiento correspondiente, el cual estará
altamente contextualizado a las regiones y países donde se brindará el apoyo.
Adicionalmente, deberán acoger esquemas de cooperación regional entre
organismos encargados de la administración electoral, práctica que ha probado
ser una herramienta útil para fortalecer la credibilidad y sustentabilidad de
los procesos electorales.
La Red de conocimientos electorales ACE tiene,
además, entre sus líneas de trabajo, una orientada al desarrollo de capacidades
mediante el fortalecimiento de la cooperación entre organismos electorales a
través del intercambio de experiencias y lecciones aprendidas. Esta línea de
acción está siendo desarrollada como programa piloto en el sur de África por
EISA con el apoyo de UNDEF. Inicialmente, se enfocará a la creación de
herramientas y metodologías para el desarrollo de capacidades, basándose en los
servicios de conocimientos ofrecidos por ACE, como la enciclopedia y los datos comparados;
también proporcionará asistencia técnica a las autoridades electorales y
coadyuvará en la participación del personal de las propias autoridades
electorales en programas de capacitación, así como en el intercambio de
experiencias para apoyar mejoras a la administración electoral.
Además, nuevos productos de servicios de
conocimiento complementarios como "I Know Politics",
un espacio de trabajo en línea dedicado a la promoción de la participación de
la mujer en la política y la equidad de género en los cargos de elección
popular, y la Red
de Recursos para la Reconciliación (Reconciliation Resource Network, RRN),
ejemplifican la creciente importancia y la aplicación potencial de estos
instrumentos en el desarrollo de capacidades entre los grupos de interés de los
países receptores de asistencia.
Otro instrumento significativo que se encuentra
actualmente en uso para el desarrollo de capacidades al interior de las
autoridades electorales es el proyecto BRIDGE. Las siglas de BRIDGE, en inglés, significan: Generando
Recursos para la Democracia,
la Gobernabilidad
y las Elecciones, y se trata del curso más exhaustivo en materia de desarrollo
profesional en el campo de administración de elecciones disponible. Ha sido
utilizado para la capacitación de más de 3,000 funcionarios electorales de 25
países alrededor del mundo. Ofrece una plataforma excelente para la presentación
oportuna de programas de desarrollo de capacidades. Recientemente, 50 expertos
de todas las regiones del mundo, actualizaron e incrementaron la currícula de BRIDGE,
bajo la premisa de que es una herramienta que no dicta normas y es de carácter
participativa; se incluyó una variedad de experiencias prácticas y está
sustentada en publicaciones actualizadas sobre temas específicos (incluyendo la
serie de Manuales de IDEA Internacional, la serie de Manuales de ONU/PNUD y el
contenido temático generado por la Red de conocimientos electorales ACE). La
estructura curricular de BRIDGE se compone de dos módulos fundacionales y otros
21 módulos divididos en tres áreas temáticas: Arquitectura Electoral, Grupos de
Interés y Operación Electoral. Si bien los destinatarios principales de BRIDGE
siguen siendo el personal de los órganos electorales, sus módulos y metodología
pueden ajustarse y adaptarse fácilmente a las necesidades de otros grupos de
interés que interactúan en los procesos electorales, como parlamentarios,
medios de comunicación, grupos de la sociedad civil, universitarios y cuerpos
de seguridad. También puede ser adaptado para la orientación específica y los
cursos de desarrollo profesional de las instancias que brindan asistencia
electoral y agencias de cooperación para el desarrollo. Particularmente tras la
elaboración de la evaluación postelectoral, BRIDGE puede jugar un papel
destacado en la elaboración de programas de asistencia efectiva al
institucionalizar las mejores prácticas e incluir recomendaciones de los
observadores y grupos de interés en la planeación estratégica y la reforma
institucional.
Siguiente: Haciendo uso de la tecnología
[*] el contenido está siendo traducido del
inglés
Haciendo uso de la tecnología
Cualquier esfuerzo para hacer que la asistencia
electoral sea más efectiva debe abordar aspectos referentes al creciente uso de
la tecnología en los procesos electorales. El desarrollo acelerado de
aplicaciones útiles para propósitos de índole electoral en el campo de las Tecnologías
de la Información
y la Comunicación (ICT), y el interés que las mismas despiertan en los
organismos electorales de los países receptores de asistencia, son factores que
deben ser considerados por todas las instancias que brindan asistencia
electoral, así como por los expertos electorales en general.
Las ICT ya han cambiado dramáticamente la forma
en que son conducidas las elecciones en muchos países desarrollados, y debe de
aceptarse que este proceso seguirá su curso
y tendrá un impacto paulatino en
las democracias emergentes, incluso en los países que emergen de un conflicto,
sin importar qué tan preparados estén para utilizar este tipo de aplicaciones.
En términos generales, las aplicaciones de las ITC en los procesos electorales
se pueden clasificar en tres grandes grupos: a) comunicaciones,
telecomunicaciones, radio, televisión e Internet; b) equipos de cómputo y programas
(hardware y software, respectivamente), procesadores de texto/hojas de cálculo,
sistemas para administrar bases de datos; c) aparatos electrónicos/mecánicos
especializados, materiales e innovaciones no electrónicas.
En este contexto, la pregunta básica para todos
aquellos que están involucrados en la administración de elecciones y en la
asistencia en materia electoral ya no es si los avances tecnológicos son
admisibles en los procesos electorales, sino qué clase de tecnología es la
apropiada para un país determinado, de acuerdo a su nivel de infraestructura y
a su sistema electoral. El mayor reto es cómo asegurar una sustentabilidad
apropiada, la relación costo-beneficio y la transparencia, al utilizar
tecnología en elecciones que siguen a un conflicto y en democracias frágiles o
emergentes. Obviamente, no existe una misma solución que pueda aplicarse en
cualquier parte del mundo, sino que cada situación requiere de diferentes
soluciones. Como regla general, el grado de actualización de la tecnología en
el país receptor de la asistencia debe estar directamente relacionado no sólo con
sus capacidades, sino con la confianza e independencia de las que goza su
autoridad electoral, siendo estos parámetros los que determinarán si el público
acepta los cambios y, en consecuencia, tiene mayor confianza en el proceso
electoral.
Sin embargo, en el proceso de toma de
decisiones existen otros factores que influyen en la selección de nuevas
soluciones de ITC a instrumentar, y no siempre son sensatas. En ocasiones
existe una influencia excesiva a favor de una determinada solución tecnológica
respecto de otra, ello debido a los intereses de los vendedores o incluso de
las propias agencias de cooperación para el desarrollo que desean introducir
tecnologías similares a las que usan en sus propios países. Otras veces,
podrían ser los propios grupos políticos en el poder quienes visualizan al uso
de la tecnología como el mejor y más efectivo método para controlar los
procesos electorales. Los avances en la tecnología no deben ser temidos como factor
principal de cambio, aunque han creado nuevas oportunidades para grupos de
interés, tanto políticos como económicos. En este marco, las agencias de cooperación para el
desarrollo, los profesionales en el tema, los académicos y las instancias que
prestan asistencia electoral juegan un papel importante e influyente en la
selección de las tecnologías que se utilizarán en cada proceso electoral.
La tecnología puede dar credibilidad
al proceso electoral al mejorar su rapidez y eficiencia. La forma en que su
aplicación se relaciona con las obligaciones fundamentales de los órganos
administradores de elecciones, tales como legalidad, neutralidad,
transparencia, precisión y vocación de servicio, es menos claro. Al poner
demasiada atención a las aplicaciones tecnológicas, los órganos administradores
de elecciones pueden dejar de atender otros aspectos importantes, e incluso
pueden llegar a agotar sus propios presupuestos, o los recursos que otorgan las
agencias de cooperación para el desarrollo. Las agencias de cooperación para el
desarrollo se pueden ver condenadas a correr con los gastos de los defectos de
los sistemas tecnológicos, los diseños de baja calidad y de probar las
tecnologías, a fin de salvar lo que ya han invertido.
Se vuelve necesario capacitar al
personal para instrumentar sistemas tecnológicos sustentables, lo cual puede no
ser sencillo dependiendo de si se tienen plazos cortos. Adicionalmente, la
tecnología impactará en los votantes y posiblemente en la comunidad, en
términos de la percepción de la
integridad del proceso electoral. Por ejemplo,
cuando las cajas para depositar los votos, elaboradas localmente con materiales
primarios, sean reemplazadas por máquinas de votación electrónica enviadas
desde otras ciudades.
En el área temática Elecciones y Tecnología de la Enciclopedia ACE,
así como en el Capítulo 3.7 de la Guía Metodológica sobre
Asistencia Electoral de la Comisión Europea[*] y en los capítulos 3
y 6 de la Guía del PNUD para la
Instrumentación de Asistencia Electoral[*] se pueden
encontrar referencias para la implementación de las actualizaciones
tecnológicas, incluyendo las mejores prácticas respecto a cuándo y cómo
introducirlas en un proceso electoral dado, así como la manera de evitar caer
en posibles engaños de los vendedores de estos insumos. Incluso el documento
del PNUD, antes referido, ofrece a las agencias de cooperación para el
desarrollo una amplia perspectiva respecto de cuáles cambios tecnológicos son
susceptibles de recibir apoyo en los países receptores de asistencia electoral.
Entender bien el ciclo electoral ayuda a identificar las circunstancias más
propicias para que la autoridad electoral de un país determinado emprenda la actualización
de su tecnología. Una consideración importante debe ser que estas
circunstancias pueden no corresponderse con los típicos compromisos financieros
planeados por las agencias para el desarrollo poco antes de una elección.
Las actualizaciones tecnológicas
efectivas no pueden ser instauradas si no hay una evaluación honesta del grado
de conocimientos en materia de tecnología de la información y de la
infraestructura existente en el país que recibe el apoyo. Ahora bien, temas
ampliamente debatidos, como la viabilidad y la sustentabilidad técnica y
financiera a largo plazo, pueden ser abordados mediante procedimientos de
licitación abiertos y transparentes (en que se incluyan pruebas piloto y de
validación), y con la solicitud, como parte del servicio, de métodos serios de
capacitación y de fortalecimiento
institucional.
No obstante, continua abierto un
fascinante debate respecto de si es apropiado introducir un nivel tecnológico
similar a las capacidades que presenta el país receptor del apoyo, o si bien
estas capacidades deben ser incrementadas con el propósito de introducir
actualizaciones tecnológicas que puedan ayudar a la nación en cuestión más allá
de las necesidades inmediatas del evento electoral en curso. Este debate es
particularmente acalorado en cuanto a los aspectos cruciales del proceso
electoral, como el registro de votantes, la organización de la elección y la
tabulación y suma de los votos. Aunque también hay áreas menos controversiales
como las comunicaciones y logística, la educación cívica y al votante, e
incluso la capacitación, donde la tecnología puede ser introducida de manera
más flexible como una herramienta que coadyuva a la efectividad y a la entrega
de resultados, sin que haya injerencia del Poder Legislativo.
Todas las consideraciones arriba
señaladas, respecto del uso correcto y adecuado de las aplicaciones
tecnológicas, se aplican de manera específica a un área de interés que crece
rápidamente y con implicaciones financieras significativas: la introducción de
características biométricas en segmentos específicos del proceso electoral: el
registro de votantes y la organización de elecciones. De manera más específica,
la noción de Sistema Automático de Identificación por Huella Digital (AFIS, por
sus siglas en inglés), es utilizado para hacer referencia a programas de
computación capaces de establecer la identidad de una persona a través de sus
huellas dactilares, mediante el uso de funciones biométricas. Recientemente, se
han incluido requerimientos de AFIS en varios procesos de registro de votantes,
y en algunos casos estos requerimientos se han incluido en las disposiciones
legales relativas al propio registro. De hecho, se ha incrementado
considerablemente el uso de los sistemas AFIS, como una solución para prácticas
como la suplantación de votantes y que personas voten en más de una ocasión.
Estos sistemas son especialmente populares en países que emergen de conflictos y
en democracias emergentes, cuyos mecanismos de identificación o registro civil son
muy limitados o existentes, como en la República Democrática
del Congo, Togo, República de Guinea, Angola, Nigeria, Mozambique y Pakistán.
Estando también a consideración en un considerable número de países en
desarrollo.
La dimensión socio-cultural es
uno de los aspectos que ha sido fuertemente ignorado hasta la fecha al
introducir aplicaciones tecnológicas. Frecuentemente, las grandes inversiones
en tecnología no están apoyadas por una atención adecuada a las actividades
dirigidas a la construcción de confianza, cuyo propósito es explicar a los
grupos de interés y a los votantes el propósito de utilizar recursos
informáticos, así como los mecanismos de control y seguridad asociados con toda
actualización tecnológica. En ocasiones, la generación de esta nueva falta de
confianza puede ser el problema más difícil de superar durante la transición
hacia un nuevo sistema, y podría provocar una peligrosa pérdida de credibilidad
hacia la autoridad electoral. Las grandes expectativas generadas alrededor de
las actualizaciones tecnológicas (mejoras en la seguridad, transparencia y
eficiencia), y lo que el público espera podría ser poco realista.
La
Guía
del PNUD para la
Instrumentación de Asistencia Electoral expondrá con mayor
amplitud los aspectos arriba resaltados y ofrecerá recomendaciones prácticas acerca
de cómo las instancias que prestan asistencia electoral y los oficiales
electorales pueden propiciar que vendedores y grupos de interés participen en discusiones
para seleccionar los productos más apropiados, así como el establecimiento
eventual de sinergias entre las actividades relativas al registro civil y las de
tipo censal a mejores precios; lo anterior a través de procedimientos transparentes
de compra de insumos, que resistan una venta agresiva y que no vean forzados,
por cuestiones de tiempo, a obtener las opciones “menos malas”.
Siguiente: El camino hacia delante
[*] en inglés
El camino hacia delante
El enfoque del ciclo electoral,
como instrumento de identificación y planeación, ha ganado apoyo casi
incondicional alrededor del mundo entre las instancias que brindan asistencia
electoral y los funcionarios de las autoridades encargadas de la administración
de elecciones. No obstante, conlleva diversos retos y requiere de un esfuerzo constante
de sensibilización y promoción entre la comunidad de agencias de cooperación
para el desarrollo. Esta labor está dirigida a hacer un cambio firme en las
políticas de asistencia a largo plazo, del respaldo genérico a compromisos
concretos, especialmente en materia de desarrollo de las capacidades y
programas de fortalecimiento institucionales que hacen más sustentables los
resultados y que pudieran estar en concordancia con la totalidad de los
objetivos para el desarrollo del país que recibe el apoyo.
Para responder a los
retos actuales habrá que refinar las herramientas usadas para la asesoría, identificación,
formulación, instrumentación, monitoreo y evaluación de los proyectos de
asistencia. Los objetivos son identificar la realidad electoral con respecto a
cualquier iniciativa propuesta o solicitud de apoyo, donde se considere el
tiempo necesario para alcanzar los resultados deseados, los recursos a utilizar,
las restricciones logísticas y de seguridad y las implicaciones financieras.
Cuando se planea una estrategia de asistencia multianual, las principales
agencias de cooperación para el desarrollo, en coordinación con las
instituciones del país que recibe el apoyo, deben tomar en cuenta el impacto que
la asistencia electoral constante tiene en el fortalecimiento del desarrollo
democrático. En este contexto, es crucial brindar las consideraciones adecuadas
en cuanto a los mejores momentos para iniciar la asistencia a mediano y largo
plazo.
La programación de
intervenciones dirigidas a brindar asistencia electoral debe estar basada en un
reconocimiento claro respecto de la fase del ciclo electoral en que se
encuentra el país que recibe el apoyo, así como en lo que se requiere, en
específico, para promover el desarrollo democrático y el buen gobierno.
Actualmente se presta mayor atención a los aspectos complementarios de la
asistencia electoral y la observación electoral, como dos pilares separados
pero interdependientes para el apoyo electoral y democrático, así como a la
promoción del establecimiento de las sinergias necesarias entre ambas
actividades. Estas sinergias podrían asegurar que las misiones de observación
se beneficiaran de las experiencias acumuladas de los proyectos de asistencia
electoral, y que las recomendaciones de dichas misiones fueran tomadas en
cuenta debidamente para futuras asistencias electorales. Mucha de la atención
por parte de los actores que encabezan los esfuerzos de asistencia electoral en
el mundo, como el PNUD, la
División de Asistencia Electoral de las Naciones Unidas
(UNEAD), la Comisión
Europea e IDEA Internacional se centra en el desarrollo de
nuevas estimaciones metodológicas que tomen en cuenta estos aspectos
complementarios, a fin de identificar, planear e instrumentar de mejor manera
los programas y misiones de asistencia electoral, con mayores beneficios para
los asistidos.
La Conferencia de Ottawa,
si bien estuvo basada en las experiencias y conclusiones obtenidas en eventos
previos (como la Reunión Global del PNUD sobre
Prácticas en Proceso y Sistemas Electorales de noviembre de 2004[*] y la
Conferencia de la Unión Europea sobre apoyo electoral de septiembre
de 2005), fue el instrumento que identificó las herramientas necesarias para
hacer el cambio de la retórica sobre asistencia electoral de largo plazo a
compromisos concretos. La clave para que lo anterior sea una realidad radica en
mejorar las capacidades de las agencias de cooperación para el desarrollo para
identificar, planear y recomendar a sus propios gobiernos un apoyo más
diversificado y con objetivos claros a las autoridades electorales. En
consecuencia, la mayor recomendación fue abogar por la producción,
globalización, adaptación y diseminación de recursos materiales dirigidos a
desarrollar las conciencias y el entendimiento de los principios e
implicaciones prácticas de la asistencia electoral efectiva, incluyendo la
producción de recursos materiales y guías respecto de los diferentes temas.</p><p style=">En los últimos dos años, la Comisión Europea,
el PNUD e IDEA Internacional han diseñado e instrumentado varias actividades
dirigidas a contar con proyectos de asistencia electoral más efectivos y oportunos
en su formulación, instrumentación y evaluación, alineados con los conceptos
señalados en la
Declaración de París sobre la Eficacia de la Ayuda para el Desarrollo. En
la segunda mitad de 2006, expertos internacionales de IDEA Internacional, el
PNUD y la Comisión Europea
desarrollaron un curso de capacitación y el respectivo manual[*]
que fueron elaborados con el propósito de incrementar la conciencia de los
oficiales de la Comisión Europea
y el PNUD respecto de las complejidades de los procesos electorales y de
aspectos específicos que fundamentan la asistencia electoral. En este contexto,
los oficiales de la Comisión Europea
y el PNUD, en cooperación con IDEA Internacional han participado hasta el
momento en tres eventos principales en materia de capacitación (Bruselas en
septiembre de 2006, Dar es Salaam en noviembre de 2006 y Bruselas en octubre de
2007). Los contenidos utilizados para desarrollar los módulos de capacitación
se basaron en la Enciclopedia ACE,
así como tres publicaciones recientes en esta materia: Manual de IDEA Internacional
sobre Diseño de Administraciones Electorales, la Guía Metodológica sobre
Asistencia Electoral de la Comisión Europea [*] y la Guía del PNUD para la Instrumentación de
Asistencia Electoral. La metodología utilizada es una versión personalizada de
la metodología BRIDGE [*]
adaptada por oficiales de la Comisión Europea y el PNUD que colaboran en áreas
de política e instrumentación de asistencia electoral.
El éxito de estos
programas de capacitación, que continuarán en 2008 con más acciones conjuntas
(el siguiente evento está planeado para la primavera de 2008 en Johannesburgo,
en el cual se espera el lanzamiento de la versión piloto de aprendizaje en
línea del curso) han sido la plataforma
para la consolidación de la sociedad entre la Comisión Europea,
el PNUD e IDEA Internacional dirigida al desarrollo de herramientas y políticas
para hacer más efectiva la asistencia electoral. Esta sociedad programática inspiró
la propuesta de “Plataforma Global de Capacitación sobre Asistencia Electoral”,
presentada en el Foro Anual de la
Junta de Donantes para la Competencia (“Capacitando para el Desarrollo”
[*]), mecanismo a través del cual, anualmente, las agencias de cooperación para
el desarrollo de todo el mundo deciden sus prioridades comunes respecto del
desarrollo de las capacidades de sus propios oficiales. La “Plataforma Global
de Capacitación sobre Asistencia Electoral Efectiva” está basada en la
experiencia única adquirida a través de cursos de capacitación conjuntos. Con
esto se busca que la elaboración de módulos de capacitación sea flexible y que
se ajusten a las necesidades específicas de cada agencia de cooperación para el
desarrollo, buscando mejorar las habilidades de sus oficiales respecto de la
planeación e identificación de propuestas más sostenibles de asistencia
electoral. También puede ser utilizada para el desarrollo de las capacidades de
asociaciones regionales de autoridades electorales, de los propios organismos
responsables de la administración de elecciones, universitarios y practicantes.
La metodología
empleada para los cursos de capacitación conjuntos sobre asistencia electoral
efectiva ha sido modificada para satisfacer a mayores audiencias y puede ser
aplicada a un mayor número de iniciativas incluidas en el ámbito de la
gobernabilidad democrática y la reforma de la administración pública. La Plataforma Global
de Capacitación se sirve del material codificado y producido al interior de la Red de profesionales de la Red de conocimientos electorales
ACE para el desarrollo del índice de materias y la generación de conocimiento.
La metodología de capacitación se dibujará sobre la experiencia única que han
ganado el PNUD e IDEA Internacional mediante BRIDGE y el Centro de Recursos del
Conocimiento del PNUD. El programa de capacitación está comprendido por un
curso presencial de cinco días, junto con versiones mezcladas de capacitación
en línea más amplias y flexibles. Los cursos también proveerán mecanismos de
evaluación y retroalimentación inmediata para futuras ampliaciones, y también alentarán
a los participantes a contribuir con sus propias experiencias en etapas
posteriores.
Las iniciativas
antes descritas se inscriben ahora en una red formal interinstitucional de la Fuerza de Tarea Conjunta de
la Comisión Europea y el PNUD [*] y la Conferencia sobre
Asistencia Efectiva para la
Democracia, que será organizada en 2008 bajo los auspicios de
IDEA Internacional. A la conferencia se convocará a representantes de las
agencias de cooperación para el desarrollo, practicantes y expertos de todo el
mundo, quienes discutirán y construirán consensos respecto de una extensa serie
de recomendaciones políticas y de la mejor forma para instrumentarlas. El
evento deberá culminar con la elaboración de un proyecto de declaración
universal de “Principios y Parámetros Globales sobre Asistencia Electoral
Efectiva”, que sería adoptada y ratificada en ese encuentro o en un evento
subsecuente.
Siguiente: Conclusiones
[*] en inglés
Conclusiones
Aún existe un amplio camino que
transitar antes de que la asistencia electoral pueda ser declarada como
completamente efectiva. Se seguirán cometiendo errores, especialmente ante la
presencia de gran presión política para realizar elecciones en tiempos
reducidos. La asistencia electoral está, relativamente, en una etapa temprana,
y el camino hacia delante será una experiencia de conocimiento constante. No
obstante, es alentador que entidades clave que brindan asistencia electoral y
las agencias de cooperación para el desarrollo se han comprometido en
iniciativas recientes diseñadas para facilitar el logro de los objetivos de
desarrollo democrático a través de proyectos de asistencia electoral. En
particular, se está reduciendo la distancia entre “aprender lecciones” y “aplicar
las lecciones aprendidas”.
La asistencia electoral efectiva se
traduce fundamentalmente en fortalecimiento institucional y capacidad de
desarrollo a largo plazo. En veinte años de asistencia electoral se ha
demostrado que no hay métodos de corto plazo para apoyar una transición
democrática. La comunidad internacional debe estar atenta a la trayectoria
hacia el desarrollo democrático del país que recibe la asistencia en caso que no
siga el curso previsto originalmente. No parece factible que los proyectos de
asistencia electoral de corto plazo desaparezcan de la agenda de las relaciones
exteriores de las democracias establecidas, y de hecho, no debieran ser del
todo desanimados. La solución es ubicarlos en un contexto amplio de asistencia,
con un entendimiento claro desde el principio respecto de los objetivos que
pueden ser alcanzados y el impacto limitado sobre el desarrollo democrático del
país que recibe el apoyo.
Las capacidades de las agencias de
cooperación para el desarrollo pueden construirse a través de acercamientos de
largo plazo, manifestando apertura hacia los sistemas y procesos electorales
con aspectos diferentes a los que presentan las democracias occidentales, y
facilitando iniciativas que estén a cargo de las instituciones del país que
recibe el apoyo, enfocadas específicamente a intercambios sur-sur.
Los instrumentos sobre conocimientos
y desarrollo de capacidades como ACE y BRIDGE son herramientas rentables y
están disponibles para el desarrollo profesional y la diseminación del
conocimiento. Cada proyecto de asistencia electoral y misión de observación
nuevos, desde su diseño hasta su operación, deberían utilizar los servicios de
esos instrumentos. Los organismos administradores de elecciones deberían saber que
esos servicios están disponibles a costos relativamente bajos y que no requieren
de una gran capacidad de instrumentación. Ambos instrumentos deberían ser
incluidos como componentes clave en cualquier proyecto de asistencia electoral,
y ser utilizados independientemente de los componentes de operación de los
proyectos de asistencia, y además deben estar disponibles en diversos idiomas,
además del inglés.
El desarrollo de las capacidades es
un tema que, en algunos casos, preocupa más a las agencias de cooperación para
el desarrollo que a los países que reciben el apoyo. Tomando como base los
eventos de capacitación realizados de manera conjunta por la Comisión Europea,
el PNUD e IDEA, la
Plataforma Global de Capacitación está desarrollando cursos de
formación que pueden ser fácilmente adaptados a las necesidades de las agencias
o instituciones que requieran servicios de capacitación. Planear proyectos de
asistencia electoral efectiva es una tarea extremadamente compleja, que puede
lograrse de mejor manea si se hace de forma multilateral. Al respecto,
coordinar las iniciativas y el apoyo que brindan las agencias de cooperación,
requiere de mucho más que simplemente identificar las necesidades técnicas. Falta
todavía capacidad suficiente para identificar y planear un programa de
asistencia electoral bien coordinado y con objetivos claros. El nudo Gordiano a
desatar es anticiparse a atender solicitudes de asistencia electoral de largo
plazo para procesos sustentables en vez de reaccionar a peticiones periódicas.
Vínculos relevantes sobre asistencia electoral efectiva
I. ASISTENCIA ELECTORAL
IDEA
ONU/PNUD
CE
AusAID
CIDA
DFID
Sida
USAID
NED
Banco Mundial
Artículos de investigación
- Elklit, Jorgen and Reynolds, Andrew, A Framework for the Systematic Study of Election
Quality (2005-04), in: Democratization, Vol. 12, April
2005
- De Zeeuw, Jeroen, How to make democracy
assistance more effective? Recommendations for doing it differently,
Conflict Research Unit, Clingendael Institute, The Hague
- Diamond, Larry, Advancing Democratic Governance;
A Global Perspective on the Status of Democracy and Directions for
International Assistance,
- Perlin, George. International Assistance to
Democratic Development, Institute for Research on Public Policy
- Reilly, B., 2003, 'International Electoral
Assistance: A Review of Donor Activities and Lessons Learned', Working
Paper 17, Democratic Transition in Post-Conflict Societies Project,
Netherlands Institute of International Relations, The Hague
- Santiso,
Carlos, Democracy Assistance : Untying the Gordian Knot, IIG
II. APOYO A LA DEMOCRACIA Y LOS PROCESOS ELECTORALES
Educación cívica
Costos de los procesos electorales
Desarrollo de la democracia y manejo de conflictos
Elecciones y Discapacidades
Observación por nacionales
Administración electoral y desarrollo institucional
Estándares electorales
Sistemas electorales
Votación desde el extranjero
Elecciones y género
Gobernabilidad y democratización
Marco jurídico
Desarrollo y monitoreo de medios
Desarrollo parlamentario
UNDP: Practice Note
Partidos políticos
Adquisición
UNDP-IAPSO Procurement Guide
Desarrollo profesional
The BRIDGE Project
Enfoque regional: organizaciones internacionales
Tecnología