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Principios guía

El principio guía que mejor ilustra la importancia de los medios de comunicación en las elecciones es aquel que postula que sin libertad y pluralismo en los medios, la democracia no es posible. Esto ha sido destacado por las decisiones de numerosos tribunales internacionales. Ha sido igualmente afirmado en el pasado reciente en las declaraciones del Relator Especial de las Naciones Unidas sobre la Libertad de Expresión, quien incluso formuló una serie de pasos que los gobiernos deben implementar para garantizar la libertad de los medios de comunicación durante las elecciones.

Existen diferentes dimensiones de la libertad de los medios que son de gran relevancia en las elecciones:

  • Libertad frente a la censura.
  • Libertad frente a ataques o interferencias arbitrarios.
  • Libre acceso a la información necesaria.
  • Una pluralidad de voces en los medios de comunicación.

La última de ellas es especialmente importante. Frecuentemente se interpreta en el sentido de que los medios deben ser propiedad de una diversidad de intereses distintos, que resulte en un “mercado de ideas”. Esto es importante, pero sólo es un aspecto. Para los países que acaban de dejar atrás un gobierno autoritario, a menudo caracterizado por un férreo control estatal sobre los medios, garantizar el pluralismo entre de los medios subvencionados públicamente puede ser igualmente importante. Esto se debe a que con frecuencia es sólo una cadena nacional de telecomunicaciones controlada por el gobierno la que tiene la capacidad de llegar a todas las secciones del electorado.

A fin de garantizar que los medios públicos o estatales no estén, en la práctica, controlados por el gobierno, se haría necesaria una clara disposición reglamentaria. Esta es la paradoja central de la administración de los medios durante las elecciones – la frecuente necesidad de establecer un complejo sistema regulador a fin de permitir que los medios operen libremente y sin interferencias.

En este sentido, están en juego tres tipos de derechos interrelacionados:

  • el derecho de los electores de hacer una elección plenamente informada.
  • el derecho de los candidatos de divulgar sus políticas.
  • el derecho de los medios de comunicación de informar y expresar sus opiniones sobre asuntos de interés público.

Por supuesto, estos derechos, que en esencia constituyen componentes del derecho a la libertad de expresión garantizado por el Artículo 19 de la Declaración Universal de Derechos Humanos, están vigentes en todo momento, y no sólo cuando hay una elección en curso. Pero es la formalidad de los procesos electorales en sí – el hecho de que sean conducidos de acuerdo con procedimientos claramente establecidos en la ley- lo que ha estimulado el interés de aquellos involucrados en asuntos sobre la libertad de los medios. El qué tanto se respeten la libertad y el pluralismo de los medios durante un periodo electoral puede ser un indicador muy sensible del respeto a la libertad de expresión en general – una precondición esencial en sí misma para el funcionamiento de las democracias. Por el contrario, una elección puede ser una oportunidad ideal para sensibilizar a las autoridades sobre su obligación de respetar y fomentar la libertad de los medios de comunicación y a éstos sobre su responsabilidad de respaldar los procesos democráticos.

Examinando la relación con los medios de comunicación desde la perspectiva del organismo electoral, surgen otros dos principios importantes: transparencia y confidencialidad. 

  • La transparencia significa que las operaciones de los organismos electorales (OE’s) están abiertos al escrutinio público y por lo tanto a rendir cuentas.
  • La confidencialidad significa que la seguridad de las operaciones de los OE’s está salvaguardada contra aquellos que no tienen derecho a la información restringida y que podrían debilitar la integridad del proceso electoral.

Estos principios podrían claramente entrar en conflicto en la práctica. La transparencia y la confidencialidad absolutas son claramente incompatibles. No obstante, establecer la precedencia de estos principios puede ser de cualquier manera puede resultar menos difícil que cuando aparecen por primera vez. Es casi invariable que los planes y las actividades de los OE’s deben ser abiertos al escrutinio público. Asimismo, sin excepción, el voto debe ser secreto. Los casos extremos son muy pocos.

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