Génesis del Proyecto ACE
Por Antonio Spinelli
Casi a punto de finalizar la campaña de un mes de duración para el registro de electores, le pregunté a mi amigo Sabah si ya se había registrado. “No creo en el valor de mi voto”, me contestó. “Nada va a cambiar ya sea que vote o no”, agregó, con un sentimiento de resignación que casi me abrumó.
Aún siendo un ciudadano de clase alta educado en el exterior, Sabah creía fervorosamente que su voto no podría hacer una diferencia significativa. Simplemente no podía confiar en el sistema y las instituciones de gobierno, a pesar de los procesos de reformas legislativas y estructurales que en ese momento estaban llevándose a cabo en su país. Creía que su única opción era la de abstenerse del ejercicio de su derecho político.
Aunque Sabah tenía la certeza de que su forma de pensar era justificable, me sentí aturdido por su actitud. Probablemente me sentí incómodo por los muchos años que he estado trabajando en el apoyo y promoción de los valores de las elecciones democráticas en distintas regiones del mundo –y porque yo mismo creo en esos valores. O quizá porque he trabajado en muchos países en donde el derecho al sufragio no se dio automáticamente, sino que fue resultado de una larga lucha y sacrificios de poblaciones que habían sido arbitrariamente despojadas de sus derechos fundamentales.
Cualesquiera hayan sido sus razones, la percepción de Sabah en el sentido de que la votación es un ejercicio vano e insignificante, me dejó una profunda huella, tan profunda que en la actualidad, sigo pensando en él y en sus palabras.
Desde ese momento, en muchas ocasiones me he sentido confrontado con las siguientes preguntas: ¿cómo revertir la creciente actitud de resignación de la gente que elige no elegir?, ¿por qué la confianza del elector, y en consecuencia la participación electoral, han disminuido drásticamente, tanto en las democracias establecidas como en las emergentes?, ¿cómo recuperar la confianza de Sabah en el valor de su voto?
En la búsqueda de respuestas, y posiblemente de una solución, considero necesario recapitular desde unos años atrás.
Nuevas democracias y la brecha en conocimientos electorales
Mientras que el periodo que siguió al término de la Guerra Fría se caracterizó por un significativo aumento a nivel mundial en el número de elecciones plurales, su significado, su valor y su legitimidad variaron sustancialmente de un caso a otro. Además, muchos de estos procesos electorales fracasaron en su intento por brindar a los ciudadanos una verdadera oportunidad para elegir a sus representantes libremente. Distintos factores adversos fueron los que se conjugaron para limitar sus oportunidades de votación, tales como la existencia de estructuras electorales inadecuadas, el inadecuado o inoportuno financiamiento de las elecciones, una administración electoral poco profesional o políticamente desviada, el fraude electoral, la inequidad en el acceso a los medios de comunicación, restricciones políticas, intimidación y violencia, por nombrar sólo algunos.
El amplio y diverso cúmulo de prácticas y estándares de las democracias emergentes atrajeron niveles de atención sin precedente por parte de la comunidad internacional, que comenzó a identificar y estudiar las condiciones necesarias para celebrar elecciones legítimas. En consecuencia, las democracias emergentes observaron un claro incremento en la demanda de contar con asistencia técnica electoral, así como con el “sello de aprobación” que otorgan las misiones de observación electoral.
En los años 90 el campo de la administración de elecciones se modificó y creció dramáticamente, al grado que los practicantes electorales se encontraron en franca confrontación con nuevos y complejos retos. En la mayoría de los casos, gobiernos, partidos políticos y los órganos gubernamentales se vieron a sí mismos poco preparados para avanzar en un proceso de transición democrática que en gran medida se basaba en la celebración de elecciones creíbles y competitivas. Al no contar con la experiencia y conocimientos necesarios que garantizaran las condiciones necesarias fundamentales para legitimar las elecciones, muchos países fracasaron en su intento para responder eficientemente a la aparición de estos nuevos retos.
El desgaste de la confianza pública
A finales del milenio, un cambio en la naturaleza de estos nuevos retos electorales convirtió este vacío de conocimiento en franca desconfianza pública en los procesos electorales. Las elecciones en Georgia, Ucrania y Kirguistán demostraron –como nunca antes— la importancia de la confianza en el proceso electoral y las consecuencias de su inexistencia. La confianza pública en el proceso electoral es fundamental para que éste tenga éxito ya que es así como legitima el proceso y se establece un fuerte vínculo de los ciudadanos con las instituciones que los representa.
En la actualidad, los practicantes y las instituciones electorales enfrentan un reto significativo que se relaciona con la reconstrucción de la confianza de los principales grupos interesados e involucrados en el proceso electoral –grupos tales como electores, partidos políticos, sociedad civil, los medios de comunicación y los grupos de observación. ¿Cómo hacer frente a los problemas de credibilidad que emergen en casi todos los continentes y la falta de confianza de ciudadanos que, como Sabah, están resignados a elegir no elegir? Estos problemas se pueden resolver mediante la creación de una administración electoral más profesional y sustentable que, en su momento, pueda promover el fortalecimiento de la credibilidad y la confianza pública en el proceso democrático en su conjunto.
El Proyecto ACE: Dar respuesta a los retos de credibilidad
El Proyecto sobre Administración y Costo de Elecciones (www.aceproject.org) fue dado a conocer en 1998 como un esfuerzo colectivo para ayudar a las democracias en desarrollo a tratar de eliminar el vacío existente en el conocimiento electoral. El proyecto ACE inicialmente fomentó el uso de mejores prácticas en todo el mundo mediante una enciclopedia electrónica que cubre todos los aspectos de la administración electoral; promovió la transparencia, la rendición de cuentas, el profesionalismo y la eficiencia en los procesos electorales; y brindó contextos alternativos y lineamientos básicos a oficiales electorales y políticos en su búsqueda por fortalecer los sistemas electorales nacionales.
Al paso de los años, se hizo evidente que el Proyecto ACE y muchos de sus recursos representaban una herramienta invaluable que podía ser utilizada para mejorar las capacidades profesionales de los practicantes electorales, a fin de administrar las elecciones de manera más eficiente y creíble. Asimismo, fue claro que para enfrentar de forma efectiva los retos de credibilidad, ACE tenía que transformarse en una herramienta más dinámica y activa.
La nueva Red de Conocimientos Electorales, ACE, dada a conocer públicamente el 4 de mayo de 2006, es el resultado de una transformación que ha llevado al Proyecto ACE original a una dimensión completamente nueva, mediante un proceso orientado al establecimiento de redes cuyo valor radica en sus activos intelectuales, maximizando el uso, diseminación y aplicación de los conocimientos que dichas redes generen.
Este proceso se sustenta en el establecimiento de una “comunidad de experiencias” electorales, es decir profesionales y practicantes electorales de distintas regiones del mundo. Los miembros de este grupo comparten intereses, responsabilidades profesionales y objetivos comunes, y tienen un papel instrumental en la implementación de los siguientes elementos fundamentales de la Red de Conocimientos Electorales ACE:
- Generación de conocimientos: los miembros de la comunidad toman parte de discusiones temáticas, intercambian conocimientos y buenas prácticas, comparten asesoría técnica y política, desarrollan nuevas ideas, aprenden de las experiencias de otros miembros (qué han funcionado y qué no, en situaciones parecidas) y apoyan los trabajos de otros;
- Compartir el conocimiento: el conocimiento generado por la comunidad se recopila, organiza y comparte en forma sistemática entre los miembros de la comunidad y los usuarios de ACE en general; y
- Aplicación del conocimiento: el conocimiento compilado se adapta para ser reutilizado en iniciativas de desarrollo profesional, orientando a los practicantes e instituciones electorales que lo necesiten, contribuyendo al creciente profesionalismo de los administradores electorales a nivel mundial.
El concepto de la Red de Conocimientos Electorales ACE es innovador y de gran alcance, algo que nunca antes se había intentado en el campo de la administración electoral. El conocimiento electoral generado y difundido a través del Proyecto ACE –así como la aplicación de sus principios resultantes— posiblemente tenga un impacto significativo en la reducción de la desconfianza y desencanto público que afectan muchas de las regiones del mundo.
Espero que este innovador proyecto sirva para motivar a mi amigo Sabah, así como a otras personas que piensan como él, para reclamar el indiscutible valor de sus votos.
