El proceso de cambio
El proceso a través del cual se
moldea o modifica un sistema electoral tiene un gran impacto en el tipo de
sistema que finalmente resulta, en su adecuación a la situación política y en el
grado de legitimidad y apoyo popular del que finalmente disfrutará.
No es usual que los sistemas
electorales sean diseñados en un tablero en blanco donde no existen precedentes,
incluso los esfuerzos para diseñar un sistema en Afganistán e Iraq cuentan con
precedentes históricos de competencia multipartidista en los cuales basarse
(aunque distantes en el tiempo y poco susceptibles de indicar lo que puede
funcionar en el futuro).
Algunas de las cuestiones clave en
el diseño de un sistema electoral son:
- ¿Quién lo
diseña? es decir, ¿quién pone en la agenda política la idea de cambiar el
sistema electoral y quién tiene la responsabilidad de delinear la
propuesta para modificar o cambiar el sistema y mediante qué
procedimiento?,
- ¿Cuáles
son los mecanismos establecidos dentro del marco político y legal para
llevar a cabo las reformas?,
- ¿Qué
procesos de análisis y diálogo son necesarios para garantizar que el nuevo
sistema o los cambios propuestos sean aceptados como legítimos? Una vez
que los cambios han sido decididos ¿cómo se van a poner en práctica?
¿Quién diseña?
Hay distintas formas para adoptar
un sistema electoral.
- Primera, puede ser heredado de una
administración colonial o de ocupación sin alteraciones sustanciales (Malawi, Malí,
Islas Salomón y Palau, son algunos ejemplos).
- Segunda, puede ser el resultado de las
negociaciones de un proceso de paz entre grupos internos que buscan ponerle fin
a una guerra o a sus divisiones (por ejemplo, Lesotho, Líbano y Sudáfrica).
Bajo estas circunstancias, la selección de un sistema electoral puede no haber
estado abierta a un debate pleno o al escrutinio público.
- Tercera, el sistema puede haber resultado de la
imposición de los grupos responsables de la reconstrucción política posterior a
un conflicto (por ejemplo, las autoridades de la coalición en Iraq o el Consejo
para la Transición Nacional que se designó en Afganistán).
- Cuarta, los elementos de un régimen autoritario
previo pueden desempeñar un papel clave en el diseño de un nuevo sistema
electoral durante el periodo en el que se va negociando su relevo del poder
(como en Chile).
- Quinta, se puede crear una comisión de expertos
con el único propósito de adoptar un sistema electoral (como en Reino Unido o
Mauricio) o hacerlo como parte de un diseño constitucional más amplio (como en
Fiji). Esto puede llevar a que las recomendaciones de la comisión sean
sometidas a un referéndum nacional (como fue el caso de Nueva Zelandia) o a un
voto del legislativo sobre las recomendacionse de la Comisión (como en Fiji).
- Sexta, los ciudadanos se pueden involucrar más
ampliamente en el proceso de diseño a través del establecimiento de una
asamblea ciudadana sobre el sistema electoral. Este fue el enfoque adoptado por
la provincia canadiense de Columbia Británica que derivó en la recomendación
para sustituir el sistema de mayoría simple por uno de voto único transferible
que sería sometido a referéndum en toda la provincia.
¿Cuáles son los mecanismos de reforma?
Si bien los sistemas electorales
son una institución extremadamente importante que influye en la forma en que
funciona el sistema de gobierno de un país, tradicionalmente no se encuentran
consagrados en los textos constitucionales, la principal fuente del orden
jurídico. Sin embargo, en los años recientes esta tendencia ha empezado a
cambiar.
Hoy en día, un buen número de
países ha incorporado detalles sobre su sistema electoral en su Constitución o
en alguno de sus anexos. Este cambio es significativo para los reformadores
electorales porque las normas consagradas en la Constitución son usualmente
mucho más difíciles de modificar que las leyes ordinarias, ya que con frecuencia
requieren una mayoría calificada en la legislatura, un referéndum nacional o
algún otro tipo de mecanismo de ratificación que impide que los sistemas
electorales sean fáciles de alterar.
Por ejemplo, la Constitución de
Sudáfrica establece que el sistema para las elecciones de la Asamblea Nacional
debe traducirse en resultados proporcionales, por lo que las opciones de
reforma están limitadas a sistemas de representación proporcional, a menos que
se realice una reforma constitucional.
Sin embargo, lo más común es que
los detalles sobre el sistema electoral se encuentren en la legislación
ordinaria y, por consiguiente, que puedan ser modificados por una mayoría
simple de la legislatura. Esto puede tener la ventaja de que el sistema sea más
sensible a los cambios en la opinión pública y en las necesidades políticas,
pero también plantea el riesgo de que las mayorías en la legislatura modifiquen
unilateralmente el sistema para obtener ventajas políticas.
Las oportunidades de reforma
guardan relación tanto con los mecanismos legales como con el contexto político
dentro del cual se producen las iniciativas. No todos los intentos para
modificar un sistema electoral son exitosos. Casi todos los ejemplos recientes
de cambios importantes han ocurrido bajo dos escenarios.
El primero es en el curso de un
proceso de transición a la democracia, cuando el marco político en su conjunto
está abierto a cualquier posibilidad.
El segundo es cuando existe una
crisis de gobernabilidad en una democracia establecida. Ejemplos de ello son
las percepciones de falta de legitimidad de dos gobiernos elegidos
sucesivamente en Nueva Zelandia en los que un partido obtuvo la mayoría
habiendo obtenido un menor número de votos que sus oponentes, así como la
percepción de que los altos niveles de corrupción en Italia y Japón eran
intrínsecos al sistema político y no el resultado de las acciones de individuos
en lo particular.
Aún cuando existe un alto nivel de
desconfianza e insatisfacción popular con el sistema político, los cambios requieren
ser acordados por las fuerzas en el poder. Es probable que las elites políticas
actúen sólo si consideran que se pueden beneficiar del cambio o si temen las
consecuencias electorales que pueden padecer si no introducen ninguna reforma.
Incluso cuando están convencidos de la necesidad de cambio tratarán de buscar,
de manera casi inevitable y poco sorpresiva, un sistema que maximice sus
beneficios. Si no están seguros de cómo se puede lograr un cambio con estas
características o si distintos intereses proponen diferentes soluciones, puede
ser probable que surjan compromisos negociados, que quizá impliquen la adopción
de sistemas mixtos.
Sin embargo, es posible que los acuerdos o cambios no
produzcan los efectos deseados por sus promotores o que produzcan efectos
imprevistos. Las reformas diseñadas por el partido gobernante en México en 1994
para hacer concesiones a la oposición produjeron los resultados más
desproporcionados en los años recientes.
Los casos de Sudáfrica y Chile
ilustran el hecho de que la realidad política y el deseo de los partidos
gobernantes por mantener su poder e influencia pueden ser tan importantes para
obstruir un proceso de reforma al sistema electoral como para el
establecimiento de obstáculos legales. En Sudáfrica ha habido numerosos
llamados para incluir algún elemento de rendición de cuentas a nivel local en
el sistema de representación proporcional mediante listas cerradas que se
utiliza en distritos electorales de gran magnitud y bajo el cual se estima que
los representantes elegidos están muy alejados de sus electores.
Esta percepción fue reforzada por
los principales resultados de una comisión presidencial que preparó un reporte
en enero de 2003, pero el gobierno se rehusó a promover cambios que hubieran
reducido su control en el proceso de selección de candidatos y en los
procedimientos de votación de las asambleas partidistas y declinó hacer
cualquier reforma. En Chile, el legado
del General Pinochet fue arreglar el sistema electoral para favorecer a sus
aliados. Más de una década después de su exclusión del poder, ese sistema
electoral se mantiene intacto.
En Nueva Zelandia, el empleo de la figura del referéndum durante el proceso de reforma
derivó inicialmente de una maniobra política –el intento del líder de uno de
los principales partidos por tomar desprevenido al dirigente de otro de los
principales partidos durante una campaña electoral-. En el primer referéndum,
se le preguntó al electorado si quería hacer algún cambio y, en su caso, que
indicara el sistema de su preferencia entre cuatro opciones. En el segundo, el
nuevo sistema seleccionado fue puesto a competir contra la opción de preservar
el anterior sistema. Como resultado, el nuevo sistema de representación
proporcional personalizada fue adoptado con un alto grado de legitimidad
pública.
De manera inevitable es necesario
que los sistemas electorales se ajusten con el tiempo para responder
adecuadamente a las nuevas tendencias y exigencias políticas, demográficas y
legislativas. Sin embargo, una vez que se ha establecido el sistema, es natural
que quienes se benefician de él, se opongan a cualquier cambio. Sin una transición
o una crisis política que opere como catalizador, parece que lo más probable
son reformas marginales en lugar de algunas de carácter sustantivo. En las
transiciones post-conflictos, se puede crear una tensión entre los límites
prácticos que pueden influir en la instrumentación de elecciones guiadas, por
ejemplo, por los imperativos políticos de un acuerdo de paz y el deseo de
establecer un determinado sistema desde el primer momento.
Para tratar de introducir mejoras
en los sistemas existentes, los reformadores pueden considerar la posibilidad
de cambiar la magnitud de los distritos, los umbrales de votación o la fórmula
para la distribución de escaños. Muchas de las reformas más significativas
propuestas en los últimos años han implicado la incorporación de un componente
de listas de representación proporcional a sistemas existentes de mayoría
simple, para crear un sistema mixto más proporcional.
Consejos para el debate y el diálogo
Es responsabilidad de los
reformadores no sólo comprender el procedimiento legal, los argumentos técnicos
y las potenciales implicaciones de una reforma, sino además comprender y ser
capaces de explicar los argumentos políticos y las implicaciones para el
andamiaje político del país. Voces procedentes de la sociedad civil, de la
academia y de los medios de comunicación pueden contribuir a desarrollar entre
la opinión pública la percepción de que el cambio es necesario. Pero un número
importante de las personas que están en el poder también requieren ser
convencidas de los beneficios que la reforma traerá consigo, incluso para ellos mismos.
A pesar del creciente interés en
los sistemas electorales, el número de personas, tanto en los círculos de poder
como en la sociedad en general, que entienden el potencial impacto de los
cambios, puede ser muy limitado. Esta situación se complica aún más por el
hecho de que la operación de los sistemas electorales puede depender de manera considerable
de cuestiones aparentemente insignificantes. Puede ser necesario que los
reformadores no sólo trabajen arduamente y tengan que explicar los aspectos
legales que serán necesarios para instrumentar un cambio, sino también que
tengan que hacer proyecciones y simulaciones técnicas (con frecuencia utilizando datos de
elecciones previas) para mostrar, por ejemplo, las implicaciones de las
reformas propuestas en la delimitación de los distritos electorales o el potencial impacto en la
representación de los partidos políticos. Los ejercicios de simulación técnica
también pueden ser utilizados para asegurar que todas las eventuales
contingencias estén previstas, así como para evaluar resultados imprevistos: es mejor
dar respuesta a las interrogantes que surgen mientras se está promoviendo el
cambio que en medio de una crisis posterior.
Desde luego, no se pueden conocer por
anticipado todos los efectos de un nuevo sistema electoral. Inclusive, el diseño de
un sistema electoral del que no se sabe cuáles serán los resultados de su aplicación en términos de votos emitidos y de
distribución de escaños puede ser útil cuando se trata de encontrar alguno que
se considere como el más justo o equitativo para todos los contendientes.
Sin embargo, siempre es conveniente que se conozca y entienda por anticipado el mayor número de detalles
sobre los aspectos técnicos y los efectos mecánicos de
un sistema antes de cualquier cambio. El diseño de programas que promuevan la participación de los electores,
por ejemplo, invitar a miembros del público a tomar parte en simulacros
electorales en los que se utilice el nuevo sistema, pueden despertar la
atención de los medios de comunicación e incrementar el conocimiento sobre las
propuestas de cambio. Esto también puede ayudar a identificar los problemas que
puede generar un nuevo sistema –por ejemplo, las dificultades del elector para
manejar las papeletas de votación.
Consejos para la instrumentación
Los electores, los administradores
electorales, los políticos y los analistas, tienden a sentirse cómodos con lo
que les resulta familiar. Es posible que el correr de los años haya limado las
aristas filosas de los sistemas establecidos. Por consiguiente, un nuevo
sistema puede verse como un salto a lo desconocido y de la falta de
familiaridad pueden derivarse problemas de instrumentación. Esto no se puede
evitar por completo y quienes promueven el cambio no pueden cruzarse de brazos
cuando se ponen en marcha los cambios legislativos. Un proceso de cambio sólo
está completo con programas intensivos de información al elector que expliquen
cómo funciona el nuevo sistema y con el diseño de disposiciones que faciliten
su instrumentación.
Los programas más efectivos de
información al elector –y a los administradores electorales- toman tiempo., por lo que resulta importante iniciarlos con la debida anticipación Sin
embargo, el tiempo a menudo es limitado para el organismo electoral que prepara
una elección con un nuevo sistema. Todos los buenos negociadores utilizan el
factor tiempo como un elemento de presión antes de llegar a un acuerdo final, y
esto es particularmente cierto cuando el nuevo sistema es resultado de un
complicado proceso de negociación entre distintos actores políticos. Por ello,
un organismo electoral eficiente preparará con la debida anticipación tanto como le sea posible.
Evaluación del impacto del cambio
Después de analizar con algún
detalle el proceso de cambio, resultan necesarias algunas palabras de
advertencia. En virtud de que los sistemas electorales comportan tanto efectos
psicológicos como mecánicos, puede ser que los efectos de mayor alcance provocados
por los cambios tomen algún tiempo para materializarse. Puede ocurrir que a los
partidos, a los candidatos y a los electores les tome o dos tres elecciones
percatarse y responder plenamente a los defectos e incentivos de determinados
cambios. La tendencia a modelar sistemas mixtos puede acentuar este proceso, en
la medida en que los efectos de incentivos combinados pueden parecer menos
claros para los candidatos y los electores.
Puede tornarse necesario un juicio
fundado para determinar si los problemas mostrados por un sistema electoral
nuevo o recién modificado son simplemente pasajeros o en realidad exhiben
fallas fundamentales que requieren de ajuste o reemplazo inmediato. Justo es el
tipo de debate que se produjo en Fiji después del golpe de Estado de George
Speight en 2000: ¿se asentará el sistema de voto alternativo de tal forma que
los partidos y los electores respondan a los incentivos de moderación
interétnica? o ¿el curso de los acontecimientos desde su adopción en 1997
indican que resulta inapropiado para el contexto del país?
Tendencias en la reforma de los sistemas electorales
El referéndum italiano de 1993, que
desembocó en la adopción de un sistema de representación proporcional
personalizada para las elecciones del año siguiente, marcó el inicio de una
serie de cambios importantes en los sistemas electorales en todo el mundo.
Hasta entonces, en casi todos los casos los cambios que se habían introducido
eran marginales, relacionados con una nueva fórmula para distribuir los
escaños, un nuevo número de distritos electorales o algunos escaños más en la
legislatura, pero desde el referéndum italiano, otros 26 países han seguido su
ejemplo y han desarrollado procesos de reforma que han modificado drásticamente
sus sistemas electorales (ver cuadro 1).
Como lo indica el cuadro 1, la
tendencia es muy clara. La mayoría de los países que han cambiado su sistema
electoral lo han hecho en dirección de una mayor proporcionalidad, ya sea
agregando algún componente de representación proporcional a un sistema de
pluralidad (convirtiendo su sistema en paralelo o en uno de RPP) o sustituyendo
por completo su viejo sistema por uno de listas de RP. Los cambios más comunes
han sido de un sistema de pluralidad/mayoría a uno mixto y no existe ningún
ejemplo de un cambio en sentido contrario. Todos los nuevos sistemas de
pluralidad/mayoría proceden de la misma familia, excepto en el caso de Madagascar,
que no pasó de un sistema de RP por listas a uno de pluralidad/mayoría, sino a
un híbrido donde la porción de mayoría simple es mayor que la de RP por listas.
