Temas relacionados con los sistemas de RP
Los sistemas de RP requieren, en
mayor medida que otros sistemas, que el diseñador considere varios elementos
además de la selección del tipo de sistema electoral. Estos elementos influirán
en los resultados de las elecciones tanto en términos mecánicos como
psicológicos, modificando los incentives tanto de los contendientes como de los
electores. Con frecuencia, estos efectos se consideran menores, y puede que así
sea en la práctica.
Sin embargo, una pequeña diferencia
en los resultados puede tener en ocasiones serias implicaciones en la integración
de la legislatura y en la formación de un gobierno y quizá, y esto es lo más
importante, en la percepción de la legitimidad de las elecciones y de sus
resultados. Además, aún y cuando es
probable que la selección de estos
elementos solo afecte ligeramente los resultados de la elección, algunos de ellos –como la magnitud de los distritos-, puede tener serias
implicaciones en el proceso de conversión de votos en escaños y, por
consiguiente, es probable que se convierta en un tema político muy sensible.
Magnitud de los distritos
Existe un consenso casi universal entre los especialistas
electorales de que el determinante crucial de la capacidad de un sistema
electoral para convertir los votos en escaños de manera proporcional es la
magnitud de los distritos, es decir, el número de miembros que se eligen en
cada distrito electoral. Bajo sistemas como los de mayoría simple, voto
alternativo o de doble ronda, la magnitud del distrito es uno, porque son
distritos uninominales, es decir los electores eligen a un solo representante.
Por el contrario, todos los sistemas de RP, algunos de pluralidad/mayoría como
el voto en bloque o el voto en bloque
partidista y otros sistemas como el voto limitado y el voto único no
transferible, requieren de distritos electorales en los que se elija más de un
miembro. Bajo cualquier sistema proporcional, el número de miembros que han de ser
elegidos en cada distrito determina, en buena medida, que tan proporcionales
serán los resultados de la elección.
Los sistemas que alcanzan el más alto grado de proporcionalidad
son los que utilizan distritos muy grandes, porque estos distritos son capaces
de asegurar que hasta los partidos más pequeños estén representados en la
legislatura. En distritos más pequeños, el umbral efectivo es más alto. Por
ejemplo, en un distrito donde sólo se eligen tres representantes, un partido
debe obtener al menos 25% más 1 de la votación para asegurar un escaño. Es poco
probable que un partido que sólo tenga el apoyo de 10% del
electorado consiga un asiento, por lo que se puede decir que los votos emitidos
por este partido han sido “no útiles”. Por el contrario, en un distrito de
nueve escaños, 10% más 1 de los votos garantiza que un partido obtenga al menos
un escaño en la legislatura.
El problema es que entre más grandes son los distritos - tanto en
términos de su número de escaños como de sus dimensiones geográficas –más
débiles son los vínculos entre los miembros elegidos y el electorado. Esto
puede tener graves consecuencias en aquellas sociedades donde los factores
locales juegan un papel clave en la política o donde los electores esperan
mantener un fuerte vínculo con sus representantes y que éstos actúen como sus
“delegados” en la legislatura.
Debido a lo anterior, ha existido un animado debate acerca de cuál
es la mejor magnitud de un distrito. La mayoría de los especialistas concuerdan
en que, como principio general, un distrito de entre tres y siete escaños
funciona muy bien y han sugerido que un número non de escaños como tres, cinco
o siete opera mejor en la práctica que un distrito con una magnitud de número
par, sobre todo en sistemas bipartidistas. No obstante, esto es en términos
generales, ya que existen muchas situaciones en las cuales un número elevado de
escaños puede ser tan deseable como necesario para asegurar una representación
y una proporcionalidad satisfactorias. En muchos países, los distritos
electorales se ajustan a las divisiones administrativas preexistentes, que
pueden ser estatales o provinciales, lo que implica que puede haber variaciones
significativas en su magnitud. Sin embargo, este enfoque no sólo elimina la
necesidad de trazar y ajustar nuevas demarcaciones para fines electorales, sino
que además permite vincular a los distritos electorales con comunidades
existentes claramente identificadas y aceptadas.
Los distritos cuya magnitud se ubica en los extremos superior e
inferior del espectro tienden a arrojar resultados extremos. En un extremo del
espectro, un país entero puede formar un solo distrito electoral, lo que
generalmente significa que el número de votos requeridos para obtener un escaño
es extremadamente bajo y que aún los partidos más pequeños pueden tener
representación. En Israel, por ejemplo, el país forma un solo distrito de 120
miembros, lo que significa que los resultados de la elección son altamente
proporcionales, pero también que los partidos con una reducida votación puede
obtener representación y que el vínculo entre los representes elegidos y el
electorado es extremadamente débil. En el otro extremo del espectro, los
sistemas de RP pueden aplicarse a situaciones en donde la magnitud del distrito
es de sólo dos escaños. Por ejemplo, en Chile se utiliza un sistema de RP por
listas en distritos de dos miembros o binominales. Tal como el estudio de caso
sobre ese país lo muestra, este sistema arroja resultados altamente
desproporcionados, porque sólo dos partidos pueden obtener representación en
cada distrito. Casos como este han tendido a debilitar los beneficios de los
sistemas de RP en términos de representación y legitimidad.
Estos ejemplos, de los extremos opuestos del espectro, sirven para
subrayar la crucial importancia de la magnitud de los distritos en cualquier
sistema electoral de RP. Se puede sostener que la magnitud de los distritos es
la selección institucional más importante cuando se diseña un sistema de RP,
aunque también es un factor de crucial importancia para otros tipos de sistemas
electorales. El sistema de voto único no transferible, por ejemplo, tiende a
arrojar resultados proporcionales moderados a pesar de que, en esencia, no es
un sistema proporcional, justo porque se utiliza en distritos plurinominales.
De igual manera, cuando el sistema de voto único transferible se aplica en
distritos uninominales se convierte en voto alternativo, conservando algunas de
las ventajas del VUT, pero no su proporcionalidad. En los sistemas de voto en
bloque y voto en bloque por partido, parece que a medida que se incrementa la
magnitud del distrito decrece su nivel de proporcionalidad. Resumiendo, cuando
se diseña un sistema electoral, la magnitud del distrito es en muchos sentidos
el factor clave para determinar cómo va a operar el sistema en la práctica, la
fortaleza del vínculo entre los electores y los representantes elegidos y la
proporcionalidad global de los resultados de la elección.
En un tema relacionado, la magnitud del partido (el número
promedio de candidatos ganadores de un partido en el mismo distrito electoral)
es un factor importante para determinar quién será elegido. Si sólo un
candidato de un partido es elegido en un distrito, bien puede ser que se trate
de un varón y pertenezca al grupo social o étnicamente mayoritario en el
distrito. Si resultan elegidos dos o más miembros de un mismo partido, quizá
una lista balanceada tenga más importancia, haciendo probable que más mujeres y
más candidatos provenientes de grupos minoritarios resulten ganadores. Los
distritos de mayor magnitud (siete o más escaños) y un número relativamente
reducido de partidos incrementan la magnitud del partido.
Umbrales
Todos los sistemas electorales tienen umbrales de representación:
esto es, un nivel mínimo de apoyo que el partido necesita para obtener representación.
Los umbrales pueden imponerse por la vía legal (umbrales formales) o existir como una propiedad matemática del
sistema electoral (umbrales efectivos o
naturales).
Los umbrales formales están incluidos dentro de las disposiciones
constitucionales o legales que definen el sistema de RP. En los sistemas mixtos
de Alemania, Nueva Zelandia y Rusia, por ejemplo, hay un umbral de 5% para la
sección correspondiente al sistema de RP: los partidos que no obtienen este 5%
de la votación a nivel nacional no tienen derecho a obtener escaños de las
listas de RP. Este dispositivo tuvo su origen en el deseo de limitar la
elección a grupos extremistas en Alemania y está diseñado para frenar las
ambiciones de los partidos pequeños por hacerse de una representación. Sin
embargo, tanto en Alemania como en Nueva Zelandia existen “puertas traseras”
mediante las cuales los partidos pueden acceder a escaños de las listas: en el
caso de Nueva Zelandia un partido debe ganar al menos un escaño en un distrito uninominal
y, en el caso de Alemania, tres escaños para sortear el umbral requerido. En
Rusia en 1995, no hubo “puertas traseras” y casi la mitad de los votos emitidos
por listas de partido terminaron siendo no útiles.
En otras partes, el rango del umbral legal va de 0.67% en Países
Bajos a 10% en Turquía. Los partidos que obtienen menos de este porcentaje de
la votación son excluidos del escrutinio. Un ejemplo sorprendente de esta
situación se dio en las elecciones de Turquía en 2002, en la que fueron tantos
los partidos que no alcanzaron el umbral de 10% que cerca de 46% de los votos
terminaron siendo no útiles, es decir, no tuvieron ningún efecto en los
resultados. En todos estos casos, la existencia de un umbral formal tiende a
incrementar el nivel global de desproporcionalidad, en virtud de que los votos
emitidos a favor de los partidos que no alcanzan representación terminan siendo
no útiles. En 1993 en Polonia, aun con un umbral comparativamente bajo de 5%
para partidos y de 8% para coaliciones, poco más de 34% de los votos fueron
para partidos y coaliciones que no lo alcanzaron.
Un umbral efectivo o natural, se crea como un subproducto
matemático de las características de los sistemas electorales, de las cuales,
la magnitud del distrito es la más importante. Por ejemplo, en un distrito con
cuatro escaños bajo un sistema de RP, prácticamente cualquier candidato con más
de 20% de la votación resultará elegido, mientras que es poco probable que lo
sea un candidato que obtenga menos de 10% de los votos (la cifra exacta variará
dependiendo de la configuración de los partidos, los candidatos y los votos).
Listas abiertas, cerradas y libres
Si bien los sistemas de RP por listas se basan en el principio de
que los partidos o grupos políticos presentan candidatos, es posible que se les
de a los electores cierto margen para efectuar su selección entre los
candidatos de las listas o entre los partidos. Esencialmente, existen tres
opciones que pueden elegirse: listas abiertas, cerradas y libres.
La mayoría de los sistemas de RP por listas son cerradas, lo que
significa que los candidatos resultan elegidos en el orden en que aparecen en
las listas, el cual es determinado por el propio partido político y los
electores no tienen la posibilidad de expresar su preferencia por uno en
particular. El sistema RP por listas usado en Sudáfrica es un buen ejemplo de listas
cerradas. La papeleta contiene los nombres y símbolos de los partidos, así como
una fotografía de su líder, pero no los nombres de los candidatos que integran
la lista. Los electores simplemente eligen al partido de su preferencia; los
candidatos individuales que resultan elegidos son determinados por los propios
partidos. Esto significa que los partidos pueden incluir algunos candidatos
(quizá miembros de una minoría étnica o lingüísticos, o mujeres) para quienes
podría resultar muy difícil ser elegidos de otra forma.
El lado negativo de las listas cerradas es que los electores no
tienen posibilidad de determinar quién será el representante de su partido. Las
listas cerradas también son insensibles a cambios repentinos. En las elecciones
de 1990 para la preunificación, en Alemania Oriental el candidato colocado en
primer lugar de uno de los partidos fue denunciado como informante de la
policía secreta sólo cuatro días antes de la jornada electoral e inmediatamente
expulsado por el partido; sin embargo, como las listas eran cerradas, los
electores no tuvieron otra opción que votar por él si querían apoyar a su
partido.
Muchos sistemas de RP por listas de Europa Occidental utilizan las
listas abiertas, en las que los electores no sólo pueden indicar el partido de
su preferencia, sino también a su candidato favorito dentro de la lista de ese
partido. En la mayoría de estos sistemas el voto por un candidato, así como por
un partido, es opcional, pero como la mayoría de los electores orientan su voto
más en función de los partidos que de los candidatos, la opción de votar por un
determinado candidato tiene con frecuencia un efecto limitado. Sin embargo, en
Suecia cerca de 25% de los electores regularmente votan por un determinado
candidato, por lo que resultan elegidos algunos individuos que no lo lograrían
si las listas fueran cerradas.
En Brasil y Finlandia los electores deben votar por candidatos: el
número de escaños que recibe cada partido depende del número total de votos que
hayan obtenido sus candidatos y resultan elegidos aquellos que hayan recibido
el mayor número de votos en forma individual. Al mismo tiempo que le brinda a
los electores una mayor libertad para elegir al candidato de su preferencia,
también provoca una serie de efectos colaterales menos deseables. En virtud de
que los candidatos de un mismo partido están compitiendo por los votos, el
sistema de listas abiertas puede provocar conflictos internos y fragmentación
del partido. También significa que los potenciales beneficios que le puede
representar a un partido presentar listas balanceadas se pueden revertir.
En las elecciones por listas abiertas en Sri Lanka, por ejemplo,
los intentos de los principales partidos de filiación sinhalese por incluir
candidatos de minorías tamiles en posiciones ganadoras de sus listas fueron
poco efectivos ya que muchos electores deliberadamente votaron por candidatos
sinhaleses ubicados en posiciones menos ventajosas en las listas. En Kosovo, el
cambio de listas cerradas por abiertas alentó de hecho la presencia de más
candidatos extremistas. En el mismo orden de ideas, en ocasiones las listas
abiertas han mostrado ser menos ventajosas para la representación de mujeres en
sociedades altamente patriarcales, aunque en Polonia los electores han
demostrado estar dispuestos a usar las listas abiertas para elegir a un mayor
número de mujeres del que se hubiera registrado si las nominaciones hubieran
sido hechas por los partidos bajo el sistema de listas cerradas.
En un reducido número de países se han utilizado otros
dispositivos para hacer más flexibles los sistemas de listas abiertas. En
Luxemburgo y Suiza los electores tienen un número de votos idéntico al de los
escaños que se van a elegir y pueden distribuirlos entre los distintos
candidatos de una sola lista o entre los candidatos de varias listas. La
posibilidad de votar por más de un candidato de las diferentes listas de
partidos (conocida como panachage) o la de emitir más de un
voto por un solo candidato (conocida como acumulación)
le ofrecen al elector una medida adicional de control y son clasificadas para
efectos de este texto como sistemas de
listas libres.
Coaliciones electorales
Un umbral elevado puede efectivamente servir para discriminar a
los partidos pequeños - por cierto, en algunos casos ese es su propósito
expreso. Empero, en muchos casos se considera indeseable cualquier dispositivo
intrínseco de discriminación en contra de los partidos pequeños,
particularmente cuando existen varios con una base de apoyo similar que se
“dividen” los votos de ese electorado y, consecuentemente, quedan por debajo
del umbral requerido, cuando si actuaran como un frente común podrían tener
suficientes votos combinados para obtener algunos escaños en la legislatura.
Para sortear este problema, algunos países que usan sistemas de RP
por listas permiten que los partidos pequeños se alíen para efectos electorales,
es decir, formen una coalición o cartel - apparentement o stembusaccoord en otros contextos– para contender en las elecciones. Esto significa que los
partidos subsisten como entidades independientes y aparecen por separado en la
papeleta, pero que los votos obtenidos por cada uno son contabilizados como si
pertenecieran a la coalición o cartel y, por consiguiente, aumentan sus
posibilidades de que la votación combinada les permita rebasar el umbral y
obtener una mayor representación. Este dispositivo es característico de algunos
sistemas de RP por listas en Europa Continental, en América Latina (como en
Uruguay donde los partidos coaligados son llamados lema) y en Israel. Sin
embargo, es una rareza dentro de los sistemas de RP en África y en Asia, y fue
suprimido en Indonesia en 1999 después de que algunos partidos pequeños
descubrieron que, aunque su coalición obtuvo representación, ellos como
partidos en lo individual perdieron escaños.
Candidaturas independientes y sistemas de RP
Un equívoco frecuente es considerar
que los candidatos independientes no pueden contender en sistemas de RP. En
rigor, esto no es cierto, aunque sí lo es el que la mayoría de las elecciones
que se realizan conforme a sistemas de RP solo compiten candidatos postulados
por partidos políticos. Sin embargo, el sistema de VUT está centrado en
candidatos en lo individual y es usual que compitan candidatos independientes,
como ocurre en la República de Irlanda.
En ocasiones, a lo candidatos
individuales se les trata como si fueran un partido unipersonal, por lo que
presentan una lista que solo contiene su nombre y obtiene en escaño si logra el
umbral de votación requerido para ello.